martes, 27 de octubre de 2009

Corbatofobia

Esto viene como consecuencia de un comentario que me hizo una compañera la semana pasada, cuando dos tipos trajeados entraron a la oficina muy serios y se metieron en el despacho del director. Se me acercó y me dijo: "¿tú sabes quiénes son esos?... qué miedo, ¿no?". El caso es que andaba de curro hasta los codos y apenas me había dado cuenta. Pero me llamó la atención particularmente el respeto que infunde un vonoso traje y una ridícula corbata de los cojones.
Yo, que veo de esto día sí y día tambien, puedo garantizar que estos señores de traje y corbata son tan pelapollas o más que los que visten normal. De verdad, hostia, ya basta de tanto respeto a estos subnormales. De hecho, si algún día, por lo que fuera, dejara de currar en la banca, creo que de cruzarme con un engreído zoquete de esos que conozco lo freiría a collejas por la calle, o lo sepultaría a huevazos. Menudos gilipollas.
Normalmente, los tenemos moderados, que se visten como unos vendebiblias por obligación (caso de algunos bancarios que incluso, como yo, ni llevamos traje ni corbata) y los tenemos catetos que se visten así porque se molan más, por esas cortas miras de valores que tienen su tope en la sección de caballeros. Estos son los que se merecen la primera meada de la mañana en toda la cara.
Maleducados soplapollas que no tienen una pizca de idea de nada y se creen con el derecho y el deber de "comerse el mundo". Y lo curioso es que lo único que suelen comerse es el miembro de aquél ante quien responden, que siempre lo hay. Pero, entre comida y comida, los que se encuentran en el camino sufren su palurdismo.
Como un gilipollas que pidió a mi compañera una transacción de un modo que no se hacía desde que los bancarios usaban manguitos (para ahorrarse un miserable coste de 2 €, ya sabéis cómo hace dinero quien lo hace) y acabó dándole plantón y yéndose muy disgustado, sin mediar palabra, porque tardaba demasiado en averiguar cómo demonios se hacía eso con nuestro sistema.
O el lerdo que te ve hablando por teléfono y es tan guay que se sienta frente a tí enterándose de toda tu conversación con un cliente.
O el tarugo que se cree menos importante si no se queja de algo cada vez que hablas con él.
Y, en general, los capullines caducos de más de medio siglo que entran muy serios con unos aires de ofendidos eternos y te preguntan con mucha urgencia por el señor director, por favor. Joder, hágannos (a estos se les habla de ud. siempre) el favor de meterse su seriedad y su corbata por el culo, y denles vueltas, a ver si alivian su irritación de cólon y se les alegra la cara.
Lo peor es que de éstos, alguno de vez en cuando hay que te puede tocar los cojones de verdad, pero es muy difícil distinguir entre toda la paja trajeada, y te toca ser correcto.

Pero de verdad, que lo que pasa en este país con el tema de los trajes y los señores es un alucine. Y si no que se lo digan a los inútiles de El Aprendiz. ¿O es que a nadie se le ha ocurrido que estos payasos todavía harían más el ridículo si no fuera por sus bonitos trajes y, algo que nunca debemos olvidar, el señor cámara que los acompaña a todas partes? ¿Y por qué hacen eso de toquitearse los botones de la americana todo el tiempo? Pero bueno, lo de éstos bien puede dar para otro post exclusivo.

Pues eso, que necesitamos una educación para el vasallado que nos enseñe a tantear primero y respetar después. Con ilustraciones gráficas de ejecutivos en actitudes escatológicamente humanas, que nos recuerden la materia orgánica que envuelven esos trajecillos grimosos. Como, por ejemplo, cagando sobre una taza rodeada de papel higiénico, o esclafado al pie de un rascacielos con las piernas torcidas y el vientre desparramado por la acera. Sería un curso de serie Z, para adultos, que conste. Quizá algo así impactante ayudara al plebeyo a obviar el traje y la corbata de esta gente, y le ayudara a comportarse con dignidad frente a ellos. A la DGT creo que le funcionó algo parecido, en lo suyo.
En fin, que menos mal que tengo blog para contar estas cosillas. Eh, de verdad, os lo digo yo, que los conozoco. Que hay mucho tontolnabo con corbata.

jueves, 15 de octubre de 2009

Bricopatía: ten un árbol chungo en casa.

Estaba yo pensando que ya es hora de poner contenido propio en el blog, y como esto entre otras cosas era para compartir estos apuntes pseudo artísticos, pues os voy a contar cómo se hace para tener un árbol (de Dunwich o no) dentro de casa, que siempre la deja como mucho más búcólica y acogedora (o no). Los forofos de la fantasía épica estarán de acuerdo conmigo, así como los fans de la serie B y folkie-góticos u otro tipo de ecologistas (hasta que sigan leyendo y se percaten de que en realidad estoy hablando de tener en casa un cadáver vegetal disecado a base de químicos). Estas son las cosillas que hacen de la casa de uno el templo freak que reconforta al empleado alienado que regresa de las cruzadas administrativas. No nos saldrá gratis, a saber:

- Fondo para tratamiento de madera (unos 10 pavos)
- Barniz o protector de madera (unos 6-7 pavos)
-Troncho de madera para cortar a cachos (? pavos)
- Poxipol o sucedáneo epoxi (unos 4-5 pavos)
- Super-glue o clavos (vamos, hombre, esto lo tiene to dios en casa)
-Masa para modelar (opcional) (2 pavos en los chinos)
-Arbolillo silvestre o rama troncha retorcida y/o bituminosa o de crecimiento exagerado y grotesco.

Total, unos 22 pavos. Menos lo que se divierte uno haciéndolo.

1) En primer lugar, lo más complicado: salgamos al monte y pillemos un arbolillo que nos mole. Lo más probable es que queramos algo más bien pequeño, para meterlo en nuestro piso (si tenemos un rancho, pues plantamos uno de verdad y ya nos planteamos hacerle una mierda de cabaña de pajilleros o algo así). De modo que, para que nadie salga herido, y como no lo queremos con raíces, mejor cogemos una rama grande que haya caído de un arbolazo o un árbol que ya esté tieso por lo que sea. Le echamos un vistacito, a fin de asegurarnos de que no nos llevamos medio ecosistema con nosotros en ese tronco, y lo metemos en el coche cual yanqui que se lleva su abeto navideño.

2) Si a simple vista vemos mucha vida en él, tenemos en casa más de reino animal que de vegetal, por lo que recomiendo darle puerta rápida ante la atenta mirada de los vecinos que se hacen cruces de lo freak que eres.
Si no observas nada a simpe vista, tendrá bichos y hongos. Para eso aplicamos el fondo, que es el producto tóxico feo que se encarga de liquidar todo eso. Si habéis tenido un mal día en el curro, podeis aplicarlo sin taparos la cara, y luego os vais a acostar. Si no os apetece un buen cuelgue, poneros una mascarilla o algo. Las de los chinos no hacen mucho efecto, aviso. Se aplica dos veces, con un intervalo de 24 hr.

3) Ahora que ya podéis arrimarlo al resto de muebles sin miedo a un abordaje, es momento de construirle una base para hacer el resto del trabajo más cómodo. Así que cogemos la barra de madera, de base cuadrada, y la partimos en cuatro cachos cual helado Contessa, con sierra manual o mecánica, dos largos y dos cortos, de forma que unidos formen un cuadrado (o lo que os salga del culo) con un hueco en medio para clavar el árbol. Las uniremos con super-glue (en mi caso funcinó a la perfección) o con clavos.

4) En el hueco echamos un relleno más o menos consistente de cosas sólidas (en mi caso, piezas de corcho de embalaje), a las que añadimos un tubo entero de Poxipol o similar para que cuaje. Antes del secado, obviamente, clavamos en medio de la guarrería el árbol y lo apoyamos de manera que se tenga recto hasta que seque. Ya lo tenemos incrustado en la base de por vida. Cuidado con que no salga el tronco por debajo demasiado, que se queda cojo. Y no lo digo por nada.

5) Opcionalmente, le hacemos raíces y cosas repulsivas, a elección del demente, con masa para modelar. La textura rugosa característica de la madera se la podemos dar presionado la masa una vez modelada con papel de estaño arrugado, para marcarlo con esas arrugas. Allá cada cual con su imaginación y sus problemas.

6) Aplicamos el protector (que penetra y nutre la madera) o el barniz (sólo protege el exterior, si ya llegó muerto, ¿para qué nutrirlo?). Es importante que cuente con algún tipo de colorante, para dar uniformidad al conjunto de árbol y masa. Los colores oscuros suelen ir mejor para esto.

Y por hoy, es todo. Acompaño con un detalle de mis raíces-tentáculos (el mío es de Dunwich).

lunes, 28 de septiembre de 2009

De todo un poco

Pido ayuda desde aquí a algún psicólogo, sociólogo o lo que sea que me ayude a entender  las causas que gobiernan los siguientes comportamientos humanos, que me fui encontrando por orden cronológico sin ir más lejos desde ayer tarde:

Domingo, 27 de septiembre de 2009

-17:30- Decidimos, mi novia y yo, a bote pronto, ir al cine a ver una peli. En domingo, solemos ir por la mañana, pero por circunstancias, esta vez no hemos podido. Tb podemos ir entre semana, los viernes, o los sábados antes de salir..., sin ningún problema. Decisión de última hora, la peli empieza a las 18:10.
Llegamos y nos encontramos una cola de gente que no te la acabas ni con 8 litros de queroseno.
Claro! es el puto momento que los borregos tienen programado para ir al cine, no había caído. Y lo que más me jode, es encontrármelo por casualidad, de sorpresa, con toda mi inocencia. Allí, caras de contrariedad, todos jodidos porque no saben si pillarán la entrada a tiempo de que empiece. Como si no hubiera otro puto momento para ir al cine. Yo los miro con cara de: "¿Por qué hoy y ahora, mastuerzos?".
-18:05-Yo, muy listo, hago cola en la máquina. Porque a mí me encanta tratar con máquinas. Yo me cago en el anuncio ese roñoso con su cantinela de que ya no se trata con personas cuando se solicita un servicio. Vivan las máquinas. De hecho, el día que la gente espabile, me quedo sin curro. No veo apenas ninguna actividad en la banca que no pueda hacer de puta madre un buen software o, como mucho, un tío por teléfono. Y si encima ahorran cola, llámame abrazamáquinas. Pues eso, que no necesito que me aconseje la taquillera qué peli debo ver ni ninguna mierda así. Pero hay un problema. Los 4 que tengo delante valen por 40. No se aclaran. De verdad, no digo que todo el mundo no merezca una oportunidad, pero que practiquen en casa con un PC, o que trasteen aunque sea con su puto móvil antes de enfrentarse al mundo exterior.  O al menos que sepan qué película van a ver, que el cine está muy caro para ir a ciegas. Total, que cuando me toca, ya es tarde.
-18:25- De vuelta a casa, vemos a un gilipollas que lleva escrito en la luna trasera del coche "El Diablo". O sea, un chimpancé que probablemente trabaje en una almacén o una obra, se pone un distintivo pretencioso en su carro. Este tipo de cosas tampoco las entiendo. Al mismo tiempo lleva dos pegatinas de margaritas, una a cada lado del maletero. ¿Quién me explica qué fascinante mecanismo de marketing (qué digo, esto tiene nivel de hipnosis colectiva) ha llevado a las garrulas pegatinas de margaritas a lo más alto de los accesorios absurdos?. Aquí encontré una explicación, y pido a todos los dioses que en mi próxima vida NO me toque ser persona.

Lunes, 28 de septiembre de 2009

-08:45- Mi novia tiene hora en el médico. Siempre que ha de ir se lo coge a estas horas, para coincidir con poca gente y para no perder mucho curro. Pero hoy todo ha cambiado. Llueve, y es otoño. El bioterror invade a las reses. Cuando llega, le cuesta encontrar un sitio donde permanecer de pie. Luego se contagian de gripe, los gilipollas.
-15:35- Vuelvo del curro por la misma carretera por donde he venido. Sólo cambia una cosa. Ahora llueve, nada extraordinario, pero llueve. En canto me incorporo, catorce mil coches aparecen ante mi vista, todos parados. Me gustaría pensar que, debido a la lluvia, mucha gente no ha podido ir en bici hoy, y por eso han cogido coche, pero la bastarda de la alcaldesa ya se ha ocupado bien de que sólo se pueda ir en bici por cuatro parques de mierda, luego eso no debe de ser. El transporte público no moja a nadie, confío en que nadie lo haya cambiado por el coche por cuatro nubes de nada. Que alguien me corrija si dieron un parte meteorológico de lluvia ácida para hoy, entonces me callo.
No, debe de ser que en cuanto caen dos gotas de mierda, al valencianito de sol y playa se le cruzan los cables y se hostia con el primer coche que tiene delante, o no pasa de 40 en autopista, presa de un ataque de pánico.
También sospecho que la gente se multiplica al mojarse, como los Gremlins, pero esto aún no lo he confirmado visualmente. Conmigo no sucede, ya lo adelanto.
Pues eso, nada más, ya me he cansado. Con estas dudas me voy a la piltra.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Anuncios que dan puta grima



¿A quién no le toca los cojones que intenten hacerle reír tratándolo como a un retrasado? ¿A quién no le jode mogollón ir a un sitio y coincidir casualmente con un rebaño inmenso de gilipollas que han ido a ver allí algo que a ti te la suda? Pero bueno, volviendo a la primera pregunta, que es la que va con el post: ¿qué demonios ocurre hoy en día con la puta publicidad? ¿se han vuelto locos? ¿soy el único que tiene una lista negra de productos que no comprará jamás porque se murió de asco viendo sus anuncios?

Entiendo eso de que en el mundo de la publicidad lo importante es que se hable del producto, no importa cómo. Pero se les escapa algo. El objetivo no es sólo popularizar un producto, es venderlo, joder. Y un boca-oreja, como le llaman ahora, se entiende que es positivo si se habla bien del producto. Ahora mismo, me dispongo a echar un montón de mierda sobre unas cuantas marcas que han hecho unos spots insufribles. Esto supongo que constituye un boca-oreja desastroso para las compañías afectadas (en realidad no, pero sólo porque no me lee ni mi gato), pero es lo que hay, y bajo mi humilde opinión, no es lo que se busca en ningún anuncio, he aquí la paradoja de hoy. Así que seguidamente relaciono lo que no soporto de un anuncio (intentaré hacerlo por bloques, pero saldrá lo que salga):

1) Anuncios sencillamente subnormales: anuncios en los que sale alguien haciendo el subnormal, o diciendo subnormalidades para captar tu atención.

- Anuncios de Línea Directa; el pobre hombre que dobla a Peter Griffin no se ha visto obligado a decir más memeces en 7 temporadas que lleva cascando sus diálogos. El tono desganado y sin matices con el que habla se debe probablemente a que se ve obligado a hacerlo totalmente borracho. Por lo que respecta a los tres subnormales mudos del tirí-tirí-tirí, comentar que me hace más gracia ver a un gato chafado en la carretera (y tengo uno). Un seguro que nunca me haré.
- Anuncios de Trina, los que se mojan de lo lindo con la generación de los 80, que confunden desenfado con tontuna oligofrénica. El mensaje que saco yo de ellos es el siguiente: Los jóvenes que cuentan con entre 25 y 35 años son unos moñazos ingenuos pusilánimes que pasan el rato pensando en mierda con una sonrisa de oreja a oreja. Oye, que igual tienen razón, pero no me parece un buen discurso para vender un producto a esos jóvenes. Lo dicho, anuncios musicales con orgías de estulticia.

2) Anuncios de espabilaos: anuncios que presentan a un tío resalao y descarado como estandarte y modelo de identificación o wannabe del target con la marca. El problema es que los publicistas se quedan faltos de garra, o pretenden llagar a tanta gente, que queda un personaje más tonto que su puta madre:

-Anuncios de Fanta, y no hace falta que diga más. ¿Quién no ha soñado con ver al idiota ese que con poco se lo monta linchado hasta quedar tullido? ¿soy el único que lo ve tan tontolnabo que le pone la piel de gallina?. Es decir, ninguna de las cosas que le pasan son especialmente guays, él no es guay en absoluto y el anuncio, en general, es muy irritante. La estúpida musica ayuda a sacar lo peor que llevas dentro. El mensaje que lanza es "cuidado con ir por la calle con un bote de Fanta, pueden pensar que eres imbécil".

-Anuncios de San Miguel. Los publicistas de San Miguel son un auténtico referente de gilipollería. Las versiones de Paquito el Chocolatero y los topicazos ramplones para paletos endogámicos no son una mala racha de la firma. El último gilipollas de la marca, el payaso ese que un día se harta de todo y se va con su cara de lerdo a encontrarse con gente de distintos países, cuenta con lo más glorioso de los anti-anuncios cerveceros: un tío que va de sobrao y de majete, rajando con clichés chabacanos de países a los que les va mejor que a nosotros, concluyendo que lo nuestro es lo mejor porque sí.
Es una pena, porque de las marcas baratas, sinceramente es la que más me gusta, quizá sin esa losa publicitaria que soporta vendería como churros ella sola.

-Tinto de Verano La Casera: "Mariano, que sin Tinto..., no hay verano". Me acaba de dar un escalofrío tecleándolo, os lo prometo. Es todo tan... puagh. ¿Por qué quieren que asocie su tinto de los cojones con lo más vergonzoso de nuestra cultura? Gente abigarrada y panzuda tirada en una hamaca sin hacer nada, familias numerosas de gente típica de la que nace, se reproduce y muere en estampas obscenas de ocio veraniego, y lo más grande del patrimonio español: el binomio listillo-tontillo. Hay una serie de personajes listillos, que se supone que tienen que caer simpáticos (son los que dicen "Mariano, ...") con menos personalidad que el papel del culo, y unos personajes tontitos (el propio Mariano), que son los que se llevan las collejas y las mofas por toda la cara. Esto a los españoles les flipa, es un fundamento del humor patrio que ha funcionado sin descanso desde que España es España. Para rematar, añaden toques de humor de nivel como una peluca que sale disparada al caer un rayo. Para quitarse el sombrero.

3) Anuncios que tienen por objetivo dar repelús. Yo no sé qué les han contado a estos publicistas en la facultad sobre nuestro comportamiento, pero os juro que la sola visión de una de estas marcas por la calle me revuelve el estómago, funcionan como un auténtico repelente.

-Anuncios de ING Direct: estos hijos de puta lo ponen muy difícil para abrirse una de sus cuentas sin sentirse un cretino. Arrancaron con su insufrible tema "We got the hole world in our hands", sacada de un vinilo que grabó un grupo inglés junto con un puto equipo de fútbol (de ahí el tono mongoloide de las voces), lo que a su vez era un destrozo de una canción tradicional gospel.
El tono de la canción era de un aborregante que daba miedo, sobre todo viniendo de un banco. Perdonadme, pero los mensajes de tranquilidad y buen rollo de parte de un banco me ponen los pelos de punta. El título de la canción tampoco me parece lo más apropiado para vender un banco.
Ahora continúa con su campaña "Ya lo sabía", confirmándose como una de las entidades más gilipollas del entorno comercial global. Son anuncios de corte humillante que apelan al amor propio cancelando todas las cuentas que se tengan allí.

-el de la Mutua Madrileña: Te levantas un día de buen rollo, reconciliado con todo, amando al prójimo y con ganas de salir y ver mundo, y de repente te sale el gordo este de los cojones, larga eso de Sooooy! con su mierda de voz engolada de opereta, y se queda con una sonrisa tonta como si acabara de obrar un prodigio. Y te ha jodido el día, en serio, ya eres todo odio hasta que te vas a dormir. No hay derecho. Una vez superas eso ya te da igual todo, los sectarios fanáticos que cantan con fervor rockero el mierdoso mantra de adhesión a la compañia, la familia vonosa que invoca la misma ponzoña para que interceda ante las adversidades de la carretera... joder, es que estamos hablando de una puta COMPAÑÍA DE SEGUROS... ¿nadie se dio cuenta de lo siniestro que suena eso de "Soy de la Mutua"?

En fin, me dejo muchos en el tintero, y de seguro es un tema actualizable y continuable. Y, a todo esto, ¿cuales creéis que me he dejado? ¿algún comentario sobre lo dicho?

sábado, 22 de agosto de 2009

Revisando: Mi amigo Mac


En primer lugar, una disculpa, no se me ocurrió nada mejor, en serio, el calor es muy malo y quita las ganas de todo.
También advertir a quien guarde un bonito recuerdo de infancia, no se le ocurra hacer esto y acuda en todo caso al psicoanalista en caso de acudir regularmente al Mc Donalds y beber Coca-Cola a diario.
Pero es que resulta que, no sé por qué, encontré esto por inet y decidí verla, por curiosidad, por esa manía de profanar y extinguir iconos de la niñez que nos ha entrado estos días a la última generación alfabetizada.
El concepto de la película es sencillo: pensaron en qué hacía de E.T. un personaje entrañable, y lo aplicaron a un nuevo monicaco, explotando el aspecto gracioso hasta lo absurdo, añadiendo todos los elementos simpáticos conocidos en la creación de bichitos.

Pongámosle, pues, los ojos más grandes y desproporcionados que podamos imaginar, eliminemos la nariz, que siempre es como muy seria, hagamos una boquita pequeñita quu quuda cumo muchu más sulada, y añadamos, por último, unos moflazos redondos como pelotas de petanca. Ya tenemos la cara más rebonica que puede dar la industria del látex.
Ahora, el resto del cuerpo. Pequeñito, con los brazos delgaditos, los dedos acabados en bolitas, barriga de pegarle a la cerveza bastante más que a la coca-cola y patitas cortas.
La hostia, una cosa tan graciosa que no sabes si estrujarlo o darle unas collejas, a ver qué pasa con los ojetes.
Por otro lado, si se fija uno, verá que si el monigote sale de cintura para arriba, tiene sus bracitos graciosos delgaditos; si sale de cuerpo entero, engordan así como ocho veces, para que un guripa se pueda meter ahí dentro :P.

En fin, que es algo que, una vez le das al play, no puedes parar de ver. Si alguien ha perdido la fe en el cine de hoy, puede ver esto y pensar que la industria siguió adelante. La verdad es que no sé ni por dónde empezar. El guión, los diálogos, las inconsistencias, los efectos... es todo tan hipnóticamente malo...
Podría pasar a la historia por ser la película con los chascarrillos más nefastos, sin duda. Pero es que los personajes no dan para más:

- El prota, un niño paralítico peinado con corte republicaner que pone caras de vergüenza ajena (qué primer plano cuando el conguito le junta las manos en posición de "silvar al aire")
- Su hermano, un gilipollas de tomo y lomo que viste con vaqueros de esos fláccidos ochenteros, calcetines blancos y náuticos, y se las da de ligón con frases del rollo: "chicas de california, preparáos, ha llegado...". A éste le han tocado las peores frases.
- Su madre soltera, que mola mil, impagable en el momento en que se entera de que ha muerto su hijo:
"Señora, no se acerque, hay un niño muerto."
"Un niño? quién?"
"No lo sabemos, era paralítico."
"Y dónde está?"
XD, y luego se acerca al lugar con la misma cara de pez con la que entró en el plano, es jodidamente desternillante! no he visto menos emoción desde "La casa de las dagas voladoras". Sigamos:
- La vecina, que trabaja en Mc Donalds (y aparece por primera vez con el uniforme puesto), y se siente atraída por el hermano soplapollas al instante. Mola la canversación cuando el prota le ve el uniforme. "Trabajas en Mc Donalds? qué guay!!"

Lo que me lleva a lo más alucinante de toda la cinta. Que debe de estar financiada a pachas entre Mc Donalds y Coca-Cola, no me lo quita nadie, pero sería mucho más honesto que, al principio de la peli, salieran los respectivos logotipos como quien pone "Universal" o "Buena Vista Productions".
Resulta que el bicho, se alimenta de Coca-Cola, que fluye de forma natural por arroyos subterráneos en su planeta. Ellos van por ahí con unas pajitas gordas y torcidas, pinchan en tierra y se ponen hasta el culo de coke. Es genial. Pero Mc Donalds no pasa inadvertido. Porque el chaval, cuando va a dar de beber al bicho en su casa, resulta que le pone la cola en vasos de cartón de Mc Donalds. Como si su casa fuera un puto chiringo franquiciado.
Esta publicidad abierta y faltona encuentra su clímax cuando uno de los personajes celebra su fiesta de cumpleaños dentro de un Mc Donalds, y se llevan al bicho convenientemente disfrazado de peluche para que no de el cante. Allí aparece el sr Ronald Mc Donald en persona, y entre pitos y flautas se ponen todos a bailar un tema garrulo de lo peor de los 80 (de lo que no molaba nada en los 80) para demostrarnos lo cojonudo que es celebrar un cumple en las putas hamburgueserías. En eso el bicho, que hasta el momento sólo había demostrado saber silbar y señalar con el dedo, se pone a bailar de la hostia encima de la barra! En serio, hay que verlo para creerlo, por un momento mandan al cuerno todo lo que has visto para hacer un macro-anuncio de los locales, y continúan como si nada! pocas veces se han meado así en el espectador.
En ese momento caes en la cuenta: Mi Amigo Mac... Donalds.
Pero ya es tarde, no puedes dejar de verlo. Porque se acerca el final, cuando rescatan a sus padres, que son algo así como si te dejan en pelotas y te forran de látex marrón así como caiga, poniéndote una máscara del monigote que, obviamente, con tu cabeza dentro no queda tan guay. El último punto recompensa con creces a los valientes que han aguantado hasta el final: los padres son nombrados ciudadanos de los EUA, vestidos del modo más chungo y viejuno posible y enseñados a conducir un carro, entre otras cosas. Una delicia.

Una curiosidad para acabar: Ronald Mc Donald se llevó un Razzie en la edición del 88, como peor actor. El director tb se llevó otro por lo suyo (aunque yo estaba convencido de que eran el mismo :P). Ahí queda eso.

lunes, 20 de julio de 2009

El verano me anula.

La hostia! nosecuántas semanas sin tocar el blog porque no me ha dado la gana y he estado de vacaciones! Esto puedo hacerlo porque tengo un blog de leer cuatro amigotes. Un ventajón. Como vengo de vacaciones, voy a contar cuatro mierdas sobre las vacaciones, en este caso, dentro de la península. A mí no me mola irme a sitios de playa; tomar el sol me parece una gilipollez y siento mi espacio vital totalmente ultrajado. La arena es una guarrada y despiertas a una visión de tu realidad como especie muy deprimente. Aun así, si hay poca gente, lo que es bañarme y todo lo que tenga que ver con el mar, sí me mola cacho. Mejor por la tarde o por la noche, que es cuando mejor se está, e inexplicablemente no hay casi nadie.
Así que me tira más el monte y, para refrescarse, los lagos y los ríos también tienen su gracia. Puede que un lago parezca más turbio, pero al menos las putas medusas quedan al margen de tus fobias acuáticas. Alojamiento, normalmente rural, hostal o similar. Una de las cosas buenas que tiene este país, es que las estrellas no van en función de la limpieza, en la mayoría de los casos. Las instalaciones y las pijadas en las habitaciones son para los abuelos; si quieres las comodidades de casa, quédate en casa. Las tiendas de campaña molan un huevo, pero para mi gusto son para invierno. Cinco minutos en una de ellas bajo el sol y sales más cerdo que hombre.
Al margen de todo ello, está la gente y, con ella, todo lo que te puedes encontrar:

-Abuelos en pueblos remotos que no contestan a tus preguntas y te miran fijamente como dementes.

-Tías que gimen por un supuesto polvo a las putas 7 de la mañana con mucha sobreactuación en tu mismo hostal.

-Gatos con deformidades extrañas que se empeñan en seguirte y restregarse en tu pierna.

-Restaurantes para turistas que sirven gazpachos de brick de Mercadona, y tugurios terroríficos que sirven comida de puta madre.

-Necios que bailan al son de las gilipolleces dictadas por un retrasado a ritmo de salsa en la plaza mayor.

-Tiendas de souvenirs que venden cosas típicas de otras comunidades autónomas (esto no lo percibes si no te has recorrido unas cuantas).

-Iglesias absurdas con precio de entrada.

-Castillos de mierda con ruta planificada y medidas de seguridad, y castillos molones sin vigilancia ni protecciones y riesgos de todo tipo.

-Gente con mucha panza y las piernas muy delgaditas.

-Áreas de servicio con familias endogámicas a su cargo que no se relacionan con la civilización de los núcleos urbanos (normalmente venden cosas raras, como mocasines de abuelo y cassettes que nunca estuvieron de moda).

Y más cosas que no recuerdo. Con lo que concluyo que hay mucho que ver en la península y es todo muy divertido.

jueves, 25 de junio de 2009

Manual del mendigo (II)


Aunque la vida de un bancario alienado y sociópata transcurre sin más pormenores que el cambio de tendencia en tareas de atención al público en tiempos de crisis, no le resulta ajena la situación del lumpen (como diría El doctor) en las putas y calurosas calles que reencuentra a partir de las 15:00 horas para salir a comer y retomar fuerzas con que asustar a sus morosos al día siguiente.
En efecto, encontramos mayor número de mendigos en estos días, no sólo en nuestras oficinas y cajeros, sino en muchos otros ámbitos de nuestra vida privada. Así que, por el momento, dejaré de hablar únicamente de los que entran cándidamente en nuestros locales a falta de que lleguen a estar incluidos algún día en los presupuestos de desinsectación y desratización de nuestro personal de mantenimiento.
Preámbulos aparte, vamos al turrón con nuevos consejazos dirigidos, muchas veces, a novatos en el oficio que han surgido como setas haciendo sofocante sacar la cartera para pagar una mierda en cualquier establecimiento.

1) Cuidemos el aspecto.
Básico, al target limosnero le entramos por la vista, lo mismo que a las tatis en las discotecas. Es importante estar al tanto de las últimas tendencias de la moda de las tiendas del centro, para alejarse de ellas todo lo posible. Si se es joven, se vestirá con ropa carroza, si se es viejo, con ropa de adolescente. Eso baja la guardia del sueltaperras y da lastimica. Cuidado con los cortes de pelo elaborados. Ellos y ellas pueden ir de peluquería todas las semanas, pero tú eres un indigente; a sus ojos, tú única necesidad a cubrir no pasa de la base rasante de la Pirámide de Maslow. Recuerda: sólo anhelas comer, beber (agua), mear, cagar y dormir en un cajero. Cumples menos funciones vitales que una cucaracha, por ejemplo.

2) El tono.
Huye de las tonalidades lastimeras propias de la Europa del este. Son demasiado afectadas, cargantes, y los telediarios los han insensibilizado completamente respecto a ello. Además, ponen de mala hostia.
Recuerda tomar Pictolines o hacer gárgaras, las voces roncas hacen pensar que vives a base de litronas, dronga y yogures de marca blanca. Nadie quiere uno de esos vivo.

3) Educación.
Esos estirados de mierda a los que les pides guita, probablemente ni te miren a la cara. Mejor así. Sé invisible para ellos, pide con corrección. Probablemente, puedas abordarlos cinco minutos más tarde y ni te recuerden, duplicando o triplicando las posibilidades de éxito.
Expresar malos deseos, cagarse en putas madres y difuntos varios fortalecen un recuerdo perenne e indeleble en la mente de nuestro target, que ya no mostrará pudor alguno en sacar sus guiles delante de vuestras narices, sudando por toda la eternidad de soltar un perrón en vuestras zarpas. Lo perdéis de por vida.

4) Evitemos el contacto físico.
Puede que vengáis de vuestra keli recien duchados con gel Deliplus, pero para esos bastardos codiciosos siempre apestaréis.
A menudo ocurre que los tipos más guarros con los alientos más extraños son los que más se empeñan en contar sus mierdas de vidas a los viandantes, siendo además los que más insisten en estrechar manos e incluso dar besos. Este tipo de mendigo lunático ha creado un trauma social imborrable con el que tendréis que convivir el resto.
Así que, ya sabéis, cuidad las distancias, no toquéis, no susurréis y no habléis de cerca. Cualquier contacto tendrá un efecto incluso peor que el de los insultos.

5) Elijamos bien a la presa.
No pierdas el tiempo con los pastosos. Esos hijos de puta no han llegado donde están a base de pensar en nadie. Conténtate con saber que, probablemente, se privan de más cosas que tú cuando llegan a casa, los muy ratas. Además, duermen peor que tú, incluso con el aire acondicionado puesto.
Pasa también del jovenzuelo con la característica cara de papa. Nunca sueltan prenda. Saben que los has escogido por su cara de apollarde, y toman el asunto como una cuestión de honor.
El mejor target es la clase media-baja, pero segura de sí misma, que de vez en cuando suelta algo en base a intrincados procesos mentales de ética y conciencia social, cosa que a ti te importa una leche. Y, por supuesto, olvídate de los bancos. Ésos no te darán nada si no es firmando un contrato con un inmueble y una avalista que lo garantice. Lo de tu situación laboral, lo mismo les suda la polla, pero no te conviene, créeme. A ellos tampoco, pero muchos todavía entran en modo berserker financiero cuando ven una operación de crédito.

6) Pasemos de los obsequios.
Nadie necesita una rosa para follar hoy en día, la gente se siente ridícula con ella por la calle y en poco tiempo se seca y se llena de bichos. Prueba con bakalas y gente que se peine con raya , o en salones de bailes garrulos, salsa, chotis y basura de esa. Con el resto de gente, no tienes posibilidad. Lo mismo ocurre con pelis, discos, y chorradas con luces intermitentes.
Los mecheros funcionan con quien fuma, pero has de dejarlos tan baratos que lo mejor es que los robes.
Las notitas con regalo de esas de "Soy sordo y te dejo este cachivache" no son creíbles, estorban y cortan el rollo. La dronga se vende mucho mejor, pero no puedes dejarla encima de la mesa ni enseñarla en un maletín abierto colgando del pecho. Además, los bakalas, los pijos malotes y la policía pueden dejarte limpio, movidos por el mismo interés.

7) No abordemos en sitios de pagar.

No te apalanques al lado de las cajas de las gasolineras o las taquillas del cine, no canses. Puede ser divertido verlos acorralados sin sus excusas de mierda, pero pensarán más en matarte que en darte algo. Probablemente dejes de escuchar excusas y se sinceren de un modo cruel. Además, no volverán por ese establecimiento, y puede que los dueños te den una manita de hostias cuando vayan a echar el cierre y haya poca gente.

En cualquier caso, sed ahorrativos y preparáos para lo más crudo de la crisis; dentro de poco, es posible que no quede a quién pedir. Es un consejazo de Bancario Sectario!