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viernes, 31 de mayo de 2013

Manual para sociópatas: Comuniones

Novios y novias enanas, marineros diminutos, almirantes de ocho años... no, los niños del barrio no se han vuelto gilipollas, estamos en plena temporada de sufrir otro de los eventos sociales y familiares más pesados de esta nuestra inamovible sociedad costumbrista: las comuniones.
Las comuniones tienen origen cuando la curia católico-eclesiástica decide, no sé en qué siglo de su opresora historia, que la mejor edad para decidir tomarse el sectarismo en serio son los 8-9 años, que es cuando uno tiene la mente más lúcida y está en condiciones de sumir decisiones importantes en la vida. En parte es lógico; unos meses más tarde, la llamada de la naturaleza condicionaría su orientación espiritual con indeseados resultados.

En cualquier caso, dejemos los temas de educación para el ganaderío para los padres de las víctimas, que son los únicos responsables de este atentado al libre albedrío (que en el 80% de los casos no consigue arraigar en la mente del sujeto) porque aquí de lo que se trata es de explicar al sociópata que actúa según la lógica más elemental cómo se comporta un zombie gregario normal en uno de estos eventos.

El evento comienza con el anuncio del mismo por parte de los padres, que nos invitan a acudir al ritual. Si ya tenemos una imagen creada en la familia o grupo social responsable, no hay por qué disimular la cara de reproche y superioridad moral por lo que están haciendo a su prole, pero nada nos librará de pagar en el caso de que aceptemos el reto.
Al igual que en las bodas, la estrategia de inicio más inteligente es una retirada a tiempo. Si queremos seguir siendo familia o que no nos borren de su agenda telefónica, pondremos una excusa creativa y nos retrataremos convenientemente con un regalo para el preadolescente. Aquí ya se puede ir a joder un poco regalando un libro o algo artístico-cultural que estimule la creatividad. Si se quiere joder aún más, el libro puede ser Mecanoscrit del Segón Origen de Manuel de Pedrolo o cualquier otro juvenil con alguna escena picantona, para que empiece a despertar en el zagal lo que más teme el párroco del barrio (eso siendo bien pensados con respecto al párroco). Lo más fácil es que el niño ni lo toque.
Si, por el contrario, decidimos ir, nos enfrentamos a un proceso tan caro o más si cabe que el bodorrio, ya que tendremos que pagar a los padres el reglamentario cubierto de 80,00 - 100,00 € que se habrán marcado por presión social y falta de voluntad, y el regalo del niño, que habrá de ser algo ya de cierta entidad.

El regalo es parte consustancial al sacramento, pues de lo contrario, ningún niño en su sano juicio se prestaría a tamaña majadería. Creo que lo pone en la Biblia por alguna parte. Por lo general, se hará entrega del mismo unos días antes de que empiece el evento, entrando a formar parte de un ranking por alcanzar el título de familiar más enrollado. Si queremos alcanzar el primer puesto fácilmente, haremos entrega de una consola de videojuegos de última generación, aunque el coste es elevado, y no creo que valga la pena. Hablo desde la experiencia (sí, esto nos ha alcanzado a casi todos), pues en mis tiempos era de otra manera, y no se invitaba a la gente a salonazos de bodas y tal, pero lo de los regalos debe de haber sido así desde la edad media por lo menos, y he de reconocer que, si me regalaron algo más aparte del Spectrum, no lo recuerdo. Así son los niños. En serio, creo que no me regalaron nada más.

El día de la comunión, vestiremos del mismo modo que en el bodorrio. Haré copia y pega para no repetir, por lo que quien haya leído el post puede saltarse lo siguiente:

Chicos, mínimo traje completo, camisa y corbata. Aconsejable gafas de sol y afeitado. Se valoran cosas más caras (chalequitos, frac, esmoquin...), el cielo es el límite. Podréis usar el mismo traje en tantas bodas como queráis. Es importante toquitearse mucho los botones de la americana, y abrocharla y desabrocharla constantemente para ganar presencia. Aunque se celebre en agosto mayo/junio, jamás nos quitamos la americana antes de la fase de banquete. Es preferible que se nos transparenten los pezones a través de la camisa empapada.
Chicas, peluquería bruta, todo el maquillaje que tengáis en casa y vestido estrafalario rollo celebrity en alfombra roja, importante no poder guardar nada en ningún sitio. Si lleváis bolso, será de mano, del tamaño de vuestra mano, y no contendrá mas que un billete arrugado por si os perdéis. No es día de móviles. Al finalizar el evento, cogeréis el vestido y lo dejaréis en el contenedor de basura más próximo, rociándolo con bencina para pegarle fuego sin dejar rastros. Si os vuelven a ver con él puesto, no recuperaréis vuestra dignidad humana hasta cambiar de amigas. No sé el motivo, es así.

 A la hora de entrar al ceremonio o no, la cosa está dividida. Por un lado, existe una corriente de pensamiento alcohólico-rebelde que insiste en pasar ese tiempo en el bar más cercano, como en las bodas. Pero en el caso de las comuniones, también se dice que el niño se fija en quién acude a verle en tan magno momento de su vida y quién no. Personalmente, sigo aconsejando entrar. El niño suda un huevo de quién está ahí para verle (yo no recuerdo un cagarro, la verdad), porque está centrado en lo que mola vestir como un gilipollas y en el fiestorro que viene después, totalmente ajeno a que podrían embargar la nómina a su padre si la familia no se porta con las donaciones y se las ve putas para devolver el préstamo que pidió para el banquete.
El caso es que aconsejo entrar, más que nada para observar in situ cómo se lo monta el párroco para inducir las mismas memeces a mentalidades que van de los 8 años a los 80. Es también muy divertido ver con qué fingida ingenuidad habla el cura de oscuras abstracciones a niños en edades de saltar encima de tortugas y comer setas rojas para crecer en tamaño. Si el cura es rollo medievalista, la cosa es todavía más grotesca, pues no se corta en comentar a los niños sus movidas de dolor, carne, sangre y todos esos fetichismos que tanto pone a cien al clero. No vale la pena perdérselo, se pasa un rato divertido.

Concluido el evento, seguiremos a la comitiva hasta el salón de bodas/bautizos/comuniones correspondiente, según se estipula en las sagradas escrituras, donde nos colocarán dónde y con quien les dé la gana para degustar una de esas comidas carísimas que muchas veces nos deja indiferentes pero nos sienta peor que lo que comemos en casa. El proceso es muy parecido a las cenas nupciales (ver posts sobre bodorrios), con la salvedad de que en este caso la tarta lleva montada encima un monigote vestido de marinerito en representación ritual del comuniante, el cual será recogido con suma ilusión por el protagonista del día hasta que llegue a casa y lo deje por algún rincón para jugar a su consola nueva.

Nada más para el sociópata, pues al no haber baile, cualquier momento posterior a los chupitos es bueno para huir. En cuanto a los padres, ahorráos ese dinero a vosotros mismos y ese sufrimiento a nosotros. Vuestro hijo sólo quiere una consolaca.



martes, 22 de enero de 2013

El dress code profesional

No me explico cómo no he tratado este tema anteriormente, con la rabia que me da y las palabrotas que me hace decir, así que me he acordado, de pronto, por una de esas circulares que te hace pensar en gasolina, gritos y cristales rotos, de esta lacra que muchos profesionales sufrimos. El dress code, o código de vestimenta, survivors, no es tema baladí. Muchos de vosotros, personas decentes de bien con trabajos honrados, puede que no hayáis oído hablar de esta fachorrada en vuestra vida, pero los que trabajamos en empresas grandotas lideradas con puño de hierro sabemos lo que es y por qué nos ponemos una corbata cada mañana.

El código de vestimenta es ese texto rancio que te sugiere en una empresa cómo debes vestir. Eh, no debemos alarmarnos, que no es que se nos diga lo que tenemos que llevar puesto, sólo se trata de una inocente ayuda para las dudas que puedan surgir a los recién llegados, una cosa que está ahí por si hace falta. Y un sitio donde un jerifalte calvo y panzudo con los carrillos colgones te remite en cuanto te ve con un aspecto demasiado humano.
No creáis que no es una subcultura fascinante, ésta de la corrección en el vestir y demás. A ello le debemos esto de que abdómenes gelatinosos hinchados por los excesos que hacen que el cinturón se doble hacia adentro, o papadas que rebosan por el cuello de la camisa como masa pastelera, sean pinceladas varoniles que dan personalidad a su propietario. Una camisa sin corbata, en cambio, es visto como una provocación y una fata de respeto equiparable a escribir un correo golpeando el teclado con el pene.

A pesar de que cuatro mentes racionales decretaron hace años que esto de los trajes y las corbatas suponen una barrera estupenda a la comunicación y el acercamiento entre seres humanos, además de que las corbatas afectan al riego cerebral, los dinosaurios cristofascistas se empeñan en meter y meterse en trajes incómodos que tiran de toda la anatomía humana y son lavados con trabajo o dinero e insalubre frecuencia. Esto último puede apreciarse con frecuencia en el despacho del director que, por ser el tipo que suele gastar los trapitos más caros, concentrar mayores sudores psicosomáticos y estar confinado en el único habitáculo cerrado, suele presentar un olor a vinagreta característico.

En el caso de los señores, el tema está en ir con un afeitado impecable, peinado correctamente, pelo corto o hasta donde permitan las tendencias peperas, camisa, traje completo, corbata y zapatos de vestir. Es prioritario que nada de lo que lleves puesto te pueda servir un mojón en tu vida privada. Los trajes son casi todos iguales, pero las corbatas y las camisas ofrecen una peligrosa diversidad cromática y estética que debemos saber gestionar para no ponernos en evidencia. Por ejemplo, hay que saber distinguir entre camisas y corbatas de fiesta y camisas y corbatas de trabajo. En realidad no es difícil, acertarás siempre siguiendo el criterio de la ranciedad. Las camisas han de ser azules o blancas y, si nos envalentonamos, de colores pastel apagados, siempre colores planos. Las corbatas han de ser a rayas o moteadas con figurillas abstractas/aburridas, del tipo más incombinable posible. Que no os tienten las hechuras juveniles, más estrechas y un tanto menos ridículas. Estamos en un mundo dominado por carrozas cavernarios o, como ellos gustan en llamarse, caballeros, y  los caballeros portan corbatones grandes y anchos, como si los fueran a usar para limpiarse la chorra de después de mear. Bueno, eso sería dar una utilidad a este idiota y mierdoso colgajo de tela.
Significativo es que en estos mundillos de cretinos prosofóbicos no se hayan cambiado apenas las formas de vestir en 130 años.

Las mujeres lo tienen más sencillo, pues lo único que preocupa a la moral católica troglodita es la altura de la falda y la abertura del escote. He visto desde señoronas que van como nosotros hasta compañeras en vaquero y camiseta (aunque éstas últimas no sé si cuentan con el seal of approval). Bien por ellas.

Al final, el objetivo de todo esto no es más que el de aparentar que cobramos mucho dinero y que venimos de una estirpe dominante superior, que es algo que hoy en día conecta muy bien con la gente, nos grangea muchas simpatías y nos facilita nuestra sempiterna tarea de decir a los clientes: "es lo que hay". Puta mierda de frase, por otro lado. Ah, sí, y dar buena impresión a la gentuza que amasa la pasta.




jueves, 1 de noviembre de 2012

Manual para sociópatas: Bodorrios (y II)


Hola, socialers! continúo por donde lo dejé, después de un huevo de tiempo transcurrido donde más de la mitad del post estaba ya hecho y por pura pereza no se ha terminado en un plazo razonable. Recuerdo que esto trata de ser un manual de comportamiento para bodorrios, dentro de lo que podría llegar a ser un topic nuevo sobre etiqueta de la normalidad y fórmulas de comportamiento y camuflaje en eventos incómodos de la zombicidad:

FASE 4: BANQUETE

Es la fase de la cena. Se distinguen dos partes principales: picoteo, donde nos dan a probar bocaditos de cosas con sabores fuertes y difícil digestión con copas de todo tipo, y cena propiamente dicha. Advierto desde este momento que es casi imposible llegar al coche con el nivel permitido de alcohol en sangre al salir de una boda.
Se comienza con el picoteo, donde todo el mundo está de pie cogiendo al vuelo las cosas que nos ofrecen los camareros, charlando de banalidades. Ojo con la vergüenza a la hora de picar cosas, pues de este momento dependerá que salgáis del evento cenados o no.

Al cabo de un largo tiempo, tan largo como les venga en gana, llegan los novios de hacerse fotos o no se qué mierdas, con alguna canción empalagosa que anuncia su llegada, y podemos sentarnos pero, cuidado, hay que fijarse en qué mesa nos toca. Normalmente se indicará en algún cartel y, si los directores de juego lo han hecho bien, en breve estaremos sentados con gente conocida.

A partir de aquí uno ya puede ver la carta de lo que va a cenar, que puede ser totalmente críptica o, por el contrario, titular a cada plato con su lista completa de ingredientes, sin medias tintas.
Acordaos de coger los cubiertos por orden, de fuera para adentro, y colocaos la servilleta y toda esa mierda, que los señorinis (que acaso coman con las manos en su casa) van a estar atentos.

Aquí hay dos eventos importantes e ineludibles. El reparto de ramos y el corte de la tarta. Para lo primero, sonará de pronto una musiquilla pachanguera y los novios se levantarán para coger un buen puñado de ramos de flores y repartirlos entre el público. A la gente esto le encanta, y no es raro que se levanten y hasta hagan palmas, no os asustéis. Los novios pasarán por todas las putas mesas, como dándole emoción cansina al reparto, a lo Nuria Roca en la cosa ésa del Millonario.

-¿Qué se espera de nosotros?

-Identificaremos con premura el trozo de pan que nos corresponde y lo tendremos vigilado. Un tipo que sabe cuál es su trozo es un tipo que controla de bodas.
-Nos pondremos la servilleta sobre los muslos, aunque dé calor y sepamos manejar con habilidad los cubiertos.
-Reiremos los comentarios jocosos sobre los platos que llegan. Se valorarán comentarios aburridos de entendidillo.
-Si no tenemos por compañía a colegas, podemos hablar de temas rancios populares, tales como restaurantes, móviles, niños, coches, viajes y cosas de clase media. No se espera que un tipo trajeado hable del decálogo de la manipulación mediática, así que reprimíos un poco, bebed todo lo que echen en las 2 ó 3 copas que tengáis a mano y pensad que ya queda menos para que acabe.
-No olvidar toquetearse los botones de la americana siempre que uno la lleve puesta.
-Dejar algo en el plato; comer todo lo que te ponen sin dejar desperdicios es de cerdos. Ya os dije que vuestro sustento dependía de lo que pillarais en el picoteo.

En la segunda fase de reparto de ramos, la verdad es que es difícil de decir. Los novios irán haciendo entrega de ramos a parejas, para maldecirlas con la responsabilidad de montar el próximo bodorrio, según tengo entendido, y a personas mayores o solteras, por motivos desconocidos. 

-Deberemos prestar atención al reparto y, una vez más, reprimir la estupefacción o la risa cuando veamos que, por ejemplo, la que recibe el ramo se pone a llorar o los abraza como si le hubieran pagado la hipoteca.
-A juicio de cada uno, se pueden dar palmas, pero no es obligado.
-Se valorará poner cara de bobo complacido.
-Si se es objeto de entrega de ramo... yo que sé, nunca me ha pasado, pero supongo que hay que reírse mucho o algo. Fijaos en lo que hacen los demás, no sé. Menuda mierda.

Llegados a la fase tarta, como ya vendrá siendo normal, una canción chunga a volumen estridente anunciará que la pareja tiene intención de hacer alguna gilipollez que hay que mirar. Un camarero sacará una tarta de varios pisos con un carrito y dos monigotes en la cima machihembrados y los novios irán para allá para agarrar, bien un cuchillo tamaño serial killer con el mango forrado de papel de plata, bien una espada roma toledana de las de decorar paredes, y plantar el filo en la tarta para... otra de esas mierdas que no tienen pies ni cabeza.
Al finalizar, nos traerán en un platito un trozo de esa tarta, que será siempre de bizcocho, merengue, trufa y almendrillas, con variaciones. Con este toque final se aseguran de que las tripas no nos dejarán dormir esa noche.

-Nos levantaremos, cámara o móvil en mano, y echaremos fotos como si estuviéramos en un set de rodaje de Juego de Tronos. No os preocupéis, cuando vayáis hacia el coche, las borráis todas y ya está. Pero acordaos.
-Cuando se cansen de hacer el monguer, aplaudimos.

FASE 5: Regalitos y cóctel

En esta fase, los que se desenvuelven con soltura y hasta disfrutan de estas mierdas, ya no están en su sitio. Se han levantado para hablar con alguien o mear, o lo que sea. El caso es que alguien llega y nos da un obsequio sesgado por sexo y edad. A los varones adultos, generalmente nos corresponde un puro, a no ser que se hayan esforzado un poco. Ya lo sé, es como si nos regalaran un trozo de ladrillo o medio calcetín, pero estos eventos son así. Ojo, hay quien se lo enciende. Huid de esos, que ese pestazo se pega como la gripe.

Después de esto y la fase de cafés fríos, que no merece mayor explicación, llega la fase cóctel, donde la gente acude a churrar todo lo que puede para pasar con soltura la última fase del bodorrio. Hay una barra gratuita donde un par de camareros sirven cualquier cosa alcohólica que se les pide y tienen. Conviene no despistarse con esto, ya que en seguida se llena muchísimo y es una agonía pedir cualquier cosa. Hay que tener en cuenta que el que no consiga un nivel de intoxicación suficiente, será consciente de todo lo que venga a continuación, motivo que genera mucha ansiedad en los asistentes. No en vano, es habitual ver niños fumando cigarros o consumiendo cubatas, pues sus padres lo permiten excepcionalmente para ahorrarles sufrimiento.

¿Qué se espera de nosotros?

-Dar las gracias por el puto puro, y hacer como que lo guardamos.
-"Olvidar" el puro en la mesa con la esperanza de que algún tío raro se lo lleve.
-Acudir pronto a la barra y pedir algo fuerte y sin mezcla, sobre todo si pensamos quedarnos un rato.
-Si no conducimos, podemos mezclarlo con algún ansiolítico y borrar las siguientes cuatro horas de nuestra puta cabeza para siempre. Opcional.
-Alternativamente, podemos pasar de los cubatas y preparar la excusa para darnos el piro de inmediato, la siguiente fase no es del estómago de cualquiera.

FASE 6: Decadencia total y fin de partida.

Si por los motivos que sean, hemos decidido aguantar hasta el final, esto es lo que ocurrirá. Un tipo sin escrúpulos tomará control de unos platos de mezcla y se dispondrá a infligir todo el daño que pueda con el solo uso del repertorio musical del salón. Sin previo aviso, comenzará a desfilar por nuestros oídos toda la mayor puta mierda submusical conocida, una escalofriante colección de los peores éxitos veraniegos de todos los tiempos, sin dar nada por malo o desfasado. Aquí lo mismo se resucita a Manolo Escobar que al Tractor Amarillo, no existen límites ni humanidad de ningún tipo. 

La gente, bajo su voluntad o enajenada por el alcohol y las drogas, se entregará sin excepción a todo tipo de bailes grotescos en una orgía (sin sexo) de sudor, olor corporal y manchas de todo tipo, donde roturas de tacones y maquillajes corridos decoran rostros desencajados en rictus de expresiones felices. Sus cuerpos se entregan durante horas a aspavientos obscenos que ofenden a todos los dioses menos al suyo.

Aquí es donde la gente intentará ligar pues, según el imaginario masculino, las mujeres se sienten más proclives a iniciar relaciones en estos ambientes que recrean la meta de toda relación humana según la psique zombi-femenina. En realidad, las conquistas son fruto del alcohol, y muy rara vez se consiguen favores sexuales. Las relaciones iniciadas aquí suelen terminarse a los pocos días, en cuanto se conocen sin los disfraces, el maquillaje y los camareros con las bandejitas.

¿Qué se espera de nosotros?

-Cuando bailen los novios, me remito a las instrucciones de corte de tarta o entrega de ramos. Ellos no se cansan de esas mierdas, pero yo sí.
-Como dice ese gordo retrasado: bailarrr, bailarrr, bailarrr!!!
-Al cabo de una hora o poco más de sufrimiento, se considera que hemos cumplido y podemos irnos a casa a tiritar en la cama.
-Al largarnos, hemos de localizar y despedirnos de los novios, felicitándolos por enésima vez y recordándoles lo bien que lo hemos pasado.
-Una vez más, se valorarán elogios a la "originalidad" y distinción del evento, destacando cualquier mierda que pueda pasar por "diferente", como "eh, me ha gustado que bailarais ese tema de comosellame en vez del típico vals". No olvidar el "esta boda ha molao, no como las otras". Si no tenéis estómago, tampoco hace falta.
-Si se han casado por la iglesia y hay confianza, se puede decir eso de "hala, ya podéis follar!", que siempre es muy gracioso de decir y evidencia la hipocresía catolicorra.
-En todo momento,se recomienda forzar una disposición proactiva y enérgica en la  aplicación de los consejos dados, ya que el transcurso natural de los acontecimientos nos dejará, si no nos esforzamos, en un rincon con la sóla compañía de nuestro cubata, estáticos y estupefactos, que es algo triste de ver y más de sufrir.

Y, ya por fin, como tantos otros asuntos de iglesia, como ya retratara cierto zagal en la ilustración inferior, llega el mejor momento: el de volver a casa a desintoxicarse, con la música más underground que se tenga a mano en el coche, con cuidado de que un control de alcoholemia no nos vaya a joder el momentazo.

El dibujo responde al enunciado: "Dibuja tu parte favorita de la misa". Se explica por sí mismo.
Si se vuelve a ver a la pareja, con toda seguridad tratarán de hacernos revivir el trauma con una extensa exposición de fotografías, con vídeo incluido en el peor de los casos. Aprovechad para hacer terapia y afrontar lo vivido, que no es bueno dejar esas cosas a su aire en el subconsciente.


domingo, 23 de septiembre de 2012

Manual para sociópatas: Bodorrios (I)

Ahora que, en general, en mi entorno ha quedado atrás la fase bodas para dar paso a la siguiente fase progenie, creo que es el momento oportuno para iniciar esta nueva ¿serie? abordando este embarazoso trance que todo humano occidental ha de enfrentar varias veces en su vida. Como invitado, quiero decir, que es lo más sufrido.

Y es que todo sociópata/freak/persona más cercana a la lógica que a la sociedad se encuentra día sí día también con esperpentos sociales con normas absurdas que desconoce por puro uso del raciocinio. Siempre me he preguntado dónde estaba el libro que explicaba todas esas normas de comportamiento (y me refiero a cosas más mundanas que eso que llaman "protocolo"), esas reacciones que se esperan de nosotros en determinadas situaciones y ese montón de mierda que no conocemos y nos hace quedar como monstruos ante el resto de la sociedad. Ya se sabe, la experiencia  y la convivencia, la observación, etc... pero ¿qué pasa con aquellos que hemos preferido dedicar más tiempo a las cosas guays?

Por mi parte, comenzaré esta sección para aportar mi granito de arena con las investigaciones de campo que vaya realizando. De esto de bodas creo que ya sé un rato, así que allá va.


Para empezar, ¿qué es un bodorrio? Pues viene a ser algo así como una partida de rol en vivo en el que dos humanos emparejados de cualquier extracto social que lleva viviendo juntos bastante tiempo, montan un fiestón de mucho lujo en el que invitan a todos los jugadores a hacerse pasar por ricos y refinados. Para que este disparate sea posible, existe un acuerdo tácito para que el gasto de toda esta pantomima se sufrague entre el total de participantes. A cambio de tan estupenda partida, los jugadores en agradecimiento suelen aportar más de lo que equitativamente se les demanda para que los directores de juego, novio y novia, se costeen un viaje a la Riviera Maya, para celebrar su atrevimiento y esfuerzo. A veces varían algo el destino, pero los tiros van por ahí. Siempre. El objetivo de este viaje es volver diciendo que aquello es "otro mundo" y que " es muy chulo, pero ves mucha miseria", pero eso ya es otra historia.

Los bodorrios son procesos con fases claramente diferenciadas que, salvo minúsculas aunque siempre valientes variaciones, se cumplen siempre del mismo modo. SIEMPRE. Es importante resaltar que la "partida" comienza desde la fase uno, por lo que desde el momento en que se produzca la invitación, debemos estar preparados y dispuestos para cualquier anormalidad.

FASE 1: INVITACIÓN.

La invitación, al contrario de lo que podría resultar lógico, no surge espontáneamente ni es fruto del acuerdo de dos partes. Los directores de juego se personarán con cualquier excusa en nuestra casa (si no es de este modo, quizá podamos eludir el evento sin mayor trascendencia) para anunciarnos el acontecimiento a la primera de cambio. No obstante, podrían hacerlo también en una reunión donde coincidan varios de los asistentes elegidos para el evento, siempre y cuando se cumplan las formalidades posteriores.
Acto seguido, nos harán entrega de una cartulina impresa, llamada comúnmente tarjetón, mediante la cual se da por iniciado el juego y nuestra interpretación de personaje dentro de un mundo fantástico de gente elegante y sofisticada. En cierto rincón, discretamente, aparecerá un número de cuenta bancaria. No se trata de ningún descuido irresponsable, será la cuenta donde habremos de hacer nuestra aportación a los gastos.

¿Qué se espera de nosotros?

- Mantener una postura respetuosa hacia el tarjetón, que estará lleno de tentaciones risibles tales como motivos florales, anillos, angelotes, dibujos cursis/meapilas de parejas o animalicos. La invitación vendrá redactada en un lenguaje que tratará de evocar torpemente sentimientos varios en una prosa afectada y anacrónica. Cuidado con esto, compostura.
-Alegrarse visiblemente y dar la enhorabuena. Cada uno le puede dar a esto la explicación que le satisfaga,  pero es lo que se espera de nosotros.
-Mostrar interés por las vicisitudes de la organización del evento y fingir asombro o estupor.
-Se valorará gratamente cualquier comentario acerca de la originalidad del diseño del tarjetón, el formato, el dibujo, etc. Aunque en esencia todas son iguales, se puede destacar cualquier exiguo vestigio de creatividad para congratular a la pareja, que dentro del encorsetado proceso siempre "buscaba hacer algo diferente". También suele funcionar destacar cualidades completamente opuestas a las que en realidad tiene.
-Pasados unos días, y siempre antes del evento, se hará un ingreso a nuestro libre albedrío para financiar los costes de la partida. Aunque sería mucho más fácil y lógico saber a cuánto toca cada participante, por algún motivo se considera de muy mal gusto facilitar esa información, por lo que pondremos una cantidad no inferior a 100 €/persona. Quizá incluso menos. El límite está en el cielo y, aunque encontraréis a sujetos que dicen que el afecto se demuestra por encima de los 200, entiendo que a partir de 100 por persona, las posibles pérdidas se las ha buscado la pareja. Cuidado, estos valores varían con el tiempo.
-En caso de no estar en condiciones de hacer el pago, lo mejor es preparar una buena excusa para no asistir. Los organizadores nos dirán con la boca pequeña que no importa y que podemos ir igual pero, ¿cómo interpretar convincentemente nuestro rol de ricos si ni siquera hemos podido costear la participación?

FASE 2: DESPEDIDA DE SOLTER@

Se trata de una de las fases más dolorosas, y podremos zafarnos de ella siempre y cuando no conozcamos a nivel de colega al miembro de la pareja de nuestro mismo sexo. Se trata de una primitiva celebración ancestral en la cual el novio sale de fiesta con sus amigos, y la novia lo hace con sus amigas, la misma noche. Se interpreta que en breve el protagonista dejará la soltería y por ello esa será la última noche de que dispone para divertirse y ser joven y feliz. No obstante, esto se ha tergiversado con los años, y se suele aprovechar para hacer cosas nuevas o más de carrozas, como visitar un prostíbulo, contratar los servicios de una stripper, o consumir drogas sin medida.
Consta de una cena en algún cottolengo bullicioso con o sin muestrario de silicona, una escapada a algún sitio sórdido o zona de drogas y una fase de declive en alguna macrodiscoteca o lugar de mongoleo.
Recientemente, existe una variante racional-protestante que consiste en marchar a un entorno rural para centrarse en la experiencia psicotrópica con mayor intimidad, pero con carácter todavía muy minoritario.

¿Qué se espera de nosotros?

-Desde el momento de la cena, debemos decirlo todo a gritos desgarrados y afectar embriaguez, como si tuviéramos la tecla de mayúsculas atascada. Si no sabemos qué gritar, podemos inventar palabras o imitar fonéticas, no debemos olvidar que al fin y al cabo se trata de una especie de juego.  Se valorarán derrames de bebidas alcohólicas y bailecitos grotescos.
-Si somos hombres, diremos burradas a las chicas que veamos invariablemente. Si somos mujeres, afectaremos promiscuidad adornando nuestras cabezas con motivos fálicos. En ambos casos debemos caminar de modo errático y cantar cualquier cosa que se nos ocurra. Es una noche de creatividad y magia.
-En caso de visita a prostíbulo, no es necesario entrar en el mismo. La mayoría de las veces se trata de un acto simbólico para excitar la imaginación de la muchachada.
En caso de visita a local de chulazos, hay que simular un estado de celo felino, siempre sin excederse, ya que hay gente que se dedica a grabar felaciones de espontáneas ebrias. O eso dicen.
-Es importante aguantar la monserga hasta el final. Eso puede ser la mañana del día siguiente con mucha probabilidad. Paciencia, temple.
- Se valorarán positivamente las muestras exageradas de afecto, los abrazos y besos de despedida, como si el protagonista fuera un enfermo terminal o tuviera que irse a vivir a otro continente. No en vano es posible que, terminado el bodorrio, jamás se le vuelva a ver vivo/a.

FASE 3: CELEBRACIÓN

La celebración puede producirse en dos ambientes diferentes: parroquia de barrio o exterior de salón de bodas, muchos no llegaréis a ver otra cosa jamás. La primera opción es la más jodida porque las parroquias de barrio suelen asentarse en las zonas con menos aparcamiento de la provincia. Además, al finalizar, tocará coger de nuevo el coche hasta el inevitable salón de bodas / complejo de loquesea.
Paradójicamente, aunque esta fase constituye el acto de casamiento en sí mismo, suele ser la menos importante, por lo que no es necesario prestar demasiada atención. Muchos asistentes optan por acudir directamente a la siguiente fase y es perfectamente aceptable.

¿Qué se espera de nosotros?

-En el caso de la parroquia, poca cosa. Ni siquiera es necesario entrar y, de hecho, siempre suele formarse un grupo de resistencia rebelde que, aunque trajeados, optan por tomarse algo en el bar más próximo. Yo no recomiendo esto último, ya que el discurso que concede el cura para estas ocasiones suele tener un nivel humorístico difícilmente igualable en el bar. Imaginad un tipo que se siente culpable cada vez que se masturba dando consejos de convivencia y demás a una pareja de novios. Es, en efecto, desternillante.
-MUY IMPORTANTE: vestuario. Chicos, mínimo traje completo, camisa y corbata. Aconsejable gafas de sol y afeitado. Se valoran cosas más caras (chalequitos, frac, esmoquin...), el cielo es el límite. Podréis usar el mismo traje en tantas bodas como queráis. Es importante toquitearse mucho los botones de la americana, y abrocharla y desabrocharla constantemente para ganar presencia. Aunque se celebre en agosto, jamás nos quitamos la americana. Es preferible que se nos transparenten los pezones a través de la camisa empapada. Bueno, eso es lo que dice el protocolo, personalmente soy más partidario de la higiene.
Chicas, peluquería bruta, todo el maquillaje que tengáis en casa y vestido estrafalario rollo celebrity en alfombra roja, importante no poder guardar nada en ningún sitio. Si lleváis bolso, será de mano, del tamaño de vuestra mano, y no contendrá mas que un billete arrugado por si os perdéis. No es día de móviles. Al finalizar el evento, cogeréis el vestido y lo dejaréis en el contenedor de basura más próximo, rociándolo con bencina para pegarle fuego sin dejar rastros. Si os vuelven a ver con él puesto, no recuperaréis vuestra dignidad humana hasta cambiar de amigas. No sé el motivo, es así.
-Al principio se generará mucha expectación con la entrada de la novia, como si fuera algo asombroso o una atracción en sí misma. Es conveniente afectar algo de este interés, no por ella, que no se entera de nada, sino por los asistentes no sociópatas que pueden molestarse o chivarse. En cuanto aparezca, se reconocerá al instante la innegable belleza de la moza, sea quien sea y haya hecho con su cara lo que haya hecho. Este es su día.
-Al finalizar, hay que pugnar entre todos los asistentes por felicitar a los novios (sí, otra vez). A veces hay una traca que se tira sólo para marcar este momento y no escaquearse. Se le da la mano a él y dos besos a ella. "Felicidades", - Se les dice, o - "Enhorabuena"-, y mierdas así. Es un momento agónico, sobre todo si no le ves el sentido o no te apetece en ese momento, porque todo el mundo intentará hacerlo al mismo tiempo mostrando mucha ansiedad. En tal caso, se puede optar por pasar del asunto, asumiendo el riesgo de que los novios adviertan tu ausencia, que es bajo.

Continuaremos en un próximo post, porque me está quedando demasiado largo y estas cosas del tirón luego se memorizan peor. Nos vemos en breve, socialers!