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martes, 22 de enero de 2013

El dress code profesional

No me explico cómo no he tratado este tema anteriormente, con la rabia que me da y las palabrotas que me hace decir, así que me he acordado, de pronto, por una de esas circulares que te hace pensar en gasolina, gritos y cristales rotos, de esta lacra que muchos profesionales sufrimos. El dress code, o código de vestimenta, survivors, no es tema baladí. Muchos de vosotros, personas decentes de bien con trabajos honrados, puede que no hayáis oído hablar de esta fachorrada en vuestra vida, pero los que trabajamos en empresas grandotas lideradas con puño de hierro sabemos lo que es y por qué nos ponemos una corbata cada mañana.

El código de vestimenta es ese texto rancio que te sugiere en una empresa cómo debes vestir. Eh, no debemos alarmarnos, que no es que se nos diga lo que tenemos que llevar puesto, sólo se trata de una inocente ayuda para las dudas que puedan surgir a los recién llegados, una cosa que está ahí por si hace falta. Y un sitio donde un jerifalte calvo y panzudo con los carrillos colgones te remite en cuanto te ve con un aspecto demasiado humano.
No creáis que no es una subcultura fascinante, ésta de la corrección en el vestir y demás. A ello le debemos esto de que abdómenes gelatinosos hinchados por los excesos que hacen que el cinturón se doble hacia adentro, o papadas que rebosan por el cuello de la camisa como masa pastelera, sean pinceladas varoniles que dan personalidad a su propietario. Una camisa sin corbata, en cambio, es visto como una provocación y una fata de respeto equiparable a escribir un correo golpeando el teclado con el pene.

A pesar de que cuatro mentes racionales decretaron hace años que esto de los trajes y las corbatas suponen una barrera estupenda a la comunicación y el acercamiento entre seres humanos, además de que las corbatas afectan al riego cerebral, los dinosaurios cristofascistas se empeñan en meter y meterse en trajes incómodos que tiran de toda la anatomía humana y son lavados con trabajo o dinero e insalubre frecuencia. Esto último puede apreciarse con frecuencia en el despacho del director que, por ser el tipo que suele gastar los trapitos más caros, concentrar mayores sudores psicosomáticos y estar confinado en el único habitáculo cerrado, suele presentar un olor a vinagreta característico.

En el caso de los señores, el tema está en ir con un afeitado impecable, peinado correctamente, pelo corto o hasta donde permitan las tendencias peperas, camisa, traje completo, corbata y zapatos de vestir. Es prioritario que nada de lo que lleves puesto te pueda servir un mojón en tu vida privada. Los trajes son casi todos iguales, pero las corbatas y las camisas ofrecen una peligrosa diversidad cromática y estética que debemos saber gestionar para no ponernos en evidencia. Por ejemplo, hay que saber distinguir entre camisas y corbatas de fiesta y camisas y corbatas de trabajo. En realidad no es difícil, acertarás siempre siguiendo el criterio de la ranciedad. Las camisas han de ser azules o blancas y, si nos envalentonamos, de colores pastel apagados, siempre colores planos. Las corbatas han de ser a rayas o moteadas con figurillas abstractas/aburridas, del tipo más incombinable posible. Que no os tienten las hechuras juveniles, más estrechas y un tanto menos ridículas. Estamos en un mundo dominado por carrozas cavernarios o, como ellos gustan en llamarse, caballeros, y  los caballeros portan corbatones grandes y anchos, como si los fueran a usar para limpiarse la chorra de después de mear. Bueno, eso sería dar una utilidad a este idiota y mierdoso colgajo de tela.
Significativo es que en estos mundillos de cretinos prosofóbicos no se hayan cambiado apenas las formas de vestir en 130 años.

Las mujeres lo tienen más sencillo, pues lo único que preocupa a la moral católica troglodita es la altura de la falda y la abertura del escote. He visto desde señoronas que van como nosotros hasta compañeras en vaquero y camiseta (aunque éstas últimas no sé si cuentan con el seal of approval). Bien por ellas.

Al final, el objetivo de todo esto no es más que el de aparentar que cobramos mucho dinero y que venimos de una estirpe dominante superior, que es algo que hoy en día conecta muy bien con la gente, nos grangea muchas simpatías y nos facilita nuestra sempiterna tarea de decir a los clientes: "es lo que hay". Puta mierda de frase, por otro lado. Ah, sí, y dar buena impresión a la gentuza que amasa la pasta.




domingo, 23 de septiembre de 2012

Manual para sociópatas: Bodorrios (I)

Ahora que, en general, en mi entorno ha quedado atrás la fase bodas para dar paso a la siguiente fase progenie, creo que es el momento oportuno para iniciar esta nueva ¿serie? abordando este embarazoso trance que todo humano occidental ha de enfrentar varias veces en su vida. Como invitado, quiero decir, que es lo más sufrido.

Y es que todo sociópata/freak/persona más cercana a la lógica que a la sociedad se encuentra día sí día también con esperpentos sociales con normas absurdas que desconoce por puro uso del raciocinio. Siempre me he preguntado dónde estaba el libro que explicaba todas esas normas de comportamiento (y me refiero a cosas más mundanas que eso que llaman "protocolo"), esas reacciones que se esperan de nosotros en determinadas situaciones y ese montón de mierda que no conocemos y nos hace quedar como monstruos ante el resto de la sociedad. Ya se sabe, la experiencia  y la convivencia, la observación, etc... pero ¿qué pasa con aquellos que hemos preferido dedicar más tiempo a las cosas guays?

Por mi parte, comenzaré esta sección para aportar mi granito de arena con las investigaciones de campo que vaya realizando. De esto de bodas creo que ya sé un rato, así que allá va.


Para empezar, ¿qué es un bodorrio? Pues viene a ser algo así como una partida de rol en vivo en el que dos humanos emparejados de cualquier extracto social que lleva viviendo juntos bastante tiempo, montan un fiestón de mucho lujo en el que invitan a todos los jugadores a hacerse pasar por ricos y refinados. Para que este disparate sea posible, existe un acuerdo tácito para que el gasto de toda esta pantomima se sufrague entre el total de participantes. A cambio de tan estupenda partida, los jugadores en agradecimiento suelen aportar más de lo que equitativamente se les demanda para que los directores de juego, novio y novia, se costeen un viaje a la Riviera Maya, para celebrar su atrevimiento y esfuerzo. A veces varían algo el destino, pero los tiros van por ahí. Siempre. El objetivo de este viaje es volver diciendo que aquello es "otro mundo" y que " es muy chulo, pero ves mucha miseria", pero eso ya es otra historia.

Los bodorrios son procesos con fases claramente diferenciadas que, salvo minúsculas aunque siempre valientes variaciones, se cumplen siempre del mismo modo. SIEMPRE. Es importante resaltar que la "partida" comienza desde la fase uno, por lo que desde el momento en que se produzca la invitación, debemos estar preparados y dispuestos para cualquier anormalidad.

FASE 1: INVITACIÓN.

La invitación, al contrario de lo que podría resultar lógico, no surge espontáneamente ni es fruto del acuerdo de dos partes. Los directores de juego se personarán con cualquier excusa en nuestra casa (si no es de este modo, quizá podamos eludir el evento sin mayor trascendencia) para anunciarnos el acontecimiento a la primera de cambio. No obstante, podrían hacerlo también en una reunión donde coincidan varios de los asistentes elegidos para el evento, siempre y cuando se cumplan las formalidades posteriores.
Acto seguido, nos harán entrega de una cartulina impresa, llamada comúnmente tarjetón, mediante la cual se da por iniciado el juego y nuestra interpretación de personaje dentro de un mundo fantástico de gente elegante y sofisticada. En cierto rincón, discretamente, aparecerá un número de cuenta bancaria. No se trata de ningún descuido irresponsable, será la cuenta donde habremos de hacer nuestra aportación a los gastos.

¿Qué se espera de nosotros?

- Mantener una postura respetuosa hacia el tarjetón, que estará lleno de tentaciones risibles tales como motivos florales, anillos, angelotes, dibujos cursis/meapilas de parejas o animalicos. La invitación vendrá redactada en un lenguaje que tratará de evocar torpemente sentimientos varios en una prosa afectada y anacrónica. Cuidado con esto, compostura.
-Alegrarse visiblemente y dar la enhorabuena. Cada uno le puede dar a esto la explicación que le satisfaga,  pero es lo que se espera de nosotros.
-Mostrar interés por las vicisitudes de la organización del evento y fingir asombro o estupor.
-Se valorará gratamente cualquier comentario acerca de la originalidad del diseño del tarjetón, el formato, el dibujo, etc. Aunque en esencia todas son iguales, se puede destacar cualquier exiguo vestigio de creatividad para congratular a la pareja, que dentro del encorsetado proceso siempre "buscaba hacer algo diferente". También suele funcionar destacar cualidades completamente opuestas a las que en realidad tiene.
-Pasados unos días, y siempre antes del evento, se hará un ingreso a nuestro libre albedrío para financiar los costes de la partida. Aunque sería mucho más fácil y lógico saber a cuánto toca cada participante, por algún motivo se considera de muy mal gusto facilitar esa información, por lo que pondremos una cantidad no inferior a 100 €/persona. Quizá incluso menos. El límite está en el cielo y, aunque encontraréis a sujetos que dicen que el afecto se demuestra por encima de los 200, entiendo que a partir de 100 por persona, las posibles pérdidas se las ha buscado la pareja. Cuidado, estos valores varían con el tiempo.
-En caso de no estar en condiciones de hacer el pago, lo mejor es preparar una buena excusa para no asistir. Los organizadores nos dirán con la boca pequeña que no importa y que podemos ir igual pero, ¿cómo interpretar convincentemente nuestro rol de ricos si ni siquera hemos podido costear la participación?

FASE 2: DESPEDIDA DE SOLTER@

Se trata de una de las fases más dolorosas, y podremos zafarnos de ella siempre y cuando no conozcamos a nivel de colega al miembro de la pareja de nuestro mismo sexo. Se trata de una primitiva celebración ancestral en la cual el novio sale de fiesta con sus amigos, y la novia lo hace con sus amigas, la misma noche. Se interpreta que en breve el protagonista dejará la soltería y por ello esa será la última noche de que dispone para divertirse y ser joven y feliz. No obstante, esto se ha tergiversado con los años, y se suele aprovechar para hacer cosas nuevas o más de carrozas, como visitar un prostíbulo, contratar los servicios de una stripper, o consumir drogas sin medida.
Consta de una cena en algún cottolengo bullicioso con o sin muestrario de silicona, una escapada a algún sitio sórdido o zona de drogas y una fase de declive en alguna macrodiscoteca o lugar de mongoleo.
Recientemente, existe una variante racional-protestante que consiste en marchar a un entorno rural para centrarse en la experiencia psicotrópica con mayor intimidad, pero con carácter todavía muy minoritario.

¿Qué se espera de nosotros?

-Desde el momento de la cena, debemos decirlo todo a gritos desgarrados y afectar embriaguez, como si tuviéramos la tecla de mayúsculas atascada. Si no sabemos qué gritar, podemos inventar palabras o imitar fonéticas, no debemos olvidar que al fin y al cabo se trata de una especie de juego.  Se valorarán derrames de bebidas alcohólicas y bailecitos grotescos.
-Si somos hombres, diremos burradas a las chicas que veamos invariablemente. Si somos mujeres, afectaremos promiscuidad adornando nuestras cabezas con motivos fálicos. En ambos casos debemos caminar de modo errático y cantar cualquier cosa que se nos ocurra. Es una noche de creatividad y magia.
-En caso de visita a prostíbulo, no es necesario entrar en el mismo. La mayoría de las veces se trata de un acto simbólico para excitar la imaginación de la muchachada.
En caso de visita a local de chulazos, hay que simular un estado de celo felino, siempre sin excederse, ya que hay gente que se dedica a grabar felaciones de espontáneas ebrias. O eso dicen.
-Es importante aguantar la monserga hasta el final. Eso puede ser la mañana del día siguiente con mucha probabilidad. Paciencia, temple.
- Se valorarán positivamente las muestras exageradas de afecto, los abrazos y besos de despedida, como si el protagonista fuera un enfermo terminal o tuviera que irse a vivir a otro continente. No en vano es posible que, terminado el bodorrio, jamás se le vuelva a ver vivo/a.

FASE 3: CELEBRACIÓN

La celebración puede producirse en dos ambientes diferentes: parroquia de barrio o exterior de salón de bodas, muchos no llegaréis a ver otra cosa jamás. La primera opción es la más jodida porque las parroquias de barrio suelen asentarse en las zonas con menos aparcamiento de la provincia. Además, al finalizar, tocará coger de nuevo el coche hasta el inevitable salón de bodas / complejo de loquesea.
Paradójicamente, aunque esta fase constituye el acto de casamiento en sí mismo, suele ser la menos importante, por lo que no es necesario prestar demasiada atención. Muchos asistentes optan por acudir directamente a la siguiente fase y es perfectamente aceptable.

¿Qué se espera de nosotros?

-En el caso de la parroquia, poca cosa. Ni siquiera es necesario entrar y, de hecho, siempre suele formarse un grupo de resistencia rebelde que, aunque trajeados, optan por tomarse algo en el bar más próximo. Yo no recomiendo esto último, ya que el discurso que concede el cura para estas ocasiones suele tener un nivel humorístico difícilmente igualable en el bar. Imaginad un tipo que se siente culpable cada vez que se masturba dando consejos de convivencia y demás a una pareja de novios. Es, en efecto, desternillante.
-MUY IMPORTANTE: vestuario. Chicos, mínimo traje completo, camisa y corbata. Aconsejable gafas de sol y afeitado. Se valoran cosas más caras (chalequitos, frac, esmoquin...), el cielo es el límite. Podréis usar el mismo traje en tantas bodas como queráis. Es importante toquitearse mucho los botones de la americana, y abrocharla y desabrocharla constantemente para ganar presencia. Aunque se celebre en agosto, jamás nos quitamos la americana. Es preferible que se nos transparenten los pezones a través de la camisa empapada. Bueno, eso es lo que dice el protocolo, personalmente soy más partidario de la higiene.
Chicas, peluquería bruta, todo el maquillaje que tengáis en casa y vestido estrafalario rollo celebrity en alfombra roja, importante no poder guardar nada en ningún sitio. Si lleváis bolso, será de mano, del tamaño de vuestra mano, y no contendrá mas que un billete arrugado por si os perdéis. No es día de móviles. Al finalizar el evento, cogeréis el vestido y lo dejaréis en el contenedor de basura más próximo, rociándolo con bencina para pegarle fuego sin dejar rastros. Si os vuelven a ver con él puesto, no recuperaréis vuestra dignidad humana hasta cambiar de amigas. No sé el motivo, es así.
-Al principio se generará mucha expectación con la entrada de la novia, como si fuera algo asombroso o una atracción en sí misma. Es conveniente afectar algo de este interés, no por ella, que no se entera de nada, sino por los asistentes no sociópatas que pueden molestarse o chivarse. En cuanto aparezca, se reconocerá al instante la innegable belleza de la moza, sea quien sea y haya hecho con su cara lo que haya hecho. Este es su día.
-Al finalizar, hay que pugnar entre todos los asistentes por felicitar a los novios (sí, otra vez). A veces hay una traca que se tira sólo para marcar este momento y no escaquearse. Se le da la mano a él y dos besos a ella. "Felicidades", - Se les dice, o - "Enhorabuena"-, y mierdas así. Es un momento agónico, sobre todo si no le ves el sentido o no te apetece en ese momento, porque todo el mundo intentará hacerlo al mismo tiempo mostrando mucha ansiedad. En tal caso, se puede optar por pasar del asunto, asumiendo el riesgo de que los novios adviertan tu ausencia, que es bajo.

Continuaremos en un próximo post, porque me está quedando demasiado largo y estas cosas del tirón luego se memorizan peor. Nos vemos en breve, socialers!

lunes, 29 de agosto de 2011

De papaflautas y otros sectarios (I)



Ya lo sé, siempre llego tarde a todo, pero es que este finde estaba leyendo perlas contenidas en esa fábrica de esclavos que es "Camino", de Escrivá de Balaguer, y me ha entrado de pronto la indignación divina, que debe de ser algo parecido a esa facilidad que tienen los católicos para ofenderse cuando un aconfesional simplemente da a conocer su opinión.

Antes de continuar, me gustaría advertir a todo aquel católico, apostólico y marrano (a la imagen me remito), que este post le va a ofender que te cagas. Los que sean abstractamente cristianos, pueden seguir leyendo, esto no tiene mucho que ver con ellos.

Todo esto viene a cuento de las noticias que se han ido sucediendo con motivo de las benditas jornadas que, con muy mala saña y perversa orientación política, noticias son y se cuentan porque ocurren. No voy a profundizar mucho en ellas porque la red está llena de datos y opinones para todos los gustos, pero me refiero al gasto público desprendido (y es gasto público cuando hablamos de espacios públicos, servicios públicos y espectáculos públicos, que no me jodan con la cantinela de la aportación privada que, sí, se habrá encargado de los gastos derivados de la organización, pero ya) y lo poco que, por lógica, se tiene que haber recaudado, cuando el transporte ha sido gratis, los bocadillos a tutiplén saltaban de mano en mano cual milagro de panes y peces, y los peregrinos de airbus dormitaban en polideportivos y cosas así de poco gastar.

Me refiero al lujo y y el poder que siempre ha ostentado toda esta gentuza, desde los trapitos con los que salen a lucir palmito litúrgico hasta los cacharros en los que se mueven (600.000,00 € el actual papamóvil, a punto de ser renovado por un nuevo modelo, todo por temer al prójimo y no fiarse de la voluntad divina).

Me refiero también a la actitud bobalicona de babeo en ocasiones y normal que te cagas en otras, con ciegacos, fiestorra, botellón y demás mierda, que me parece de puta madre en general (excepto lo de las basuras, joder), pero no para un católico. Porque, como muy bien decían en cierta emisión de Klartelera, cuando uno es un firme defensor de las tradiciones católicas sin asistir a misa, sin recogerse la picha hasta el matrimonio y sin todas esas jodiendas que idearon cuatro perturbados hacia el ocaso del imperio romano, uno se confunde creyendo ser católico cuando lo que es realidad es un conservador, un cagueta de la evolución, un facha, para entendernos. Y no habría de ser lo mismo.

Me refiero, por último, al apoyo mostrado a grupos integristas considerados técnicamente como sectas (y digo técnicamente porque, para el caso de los neocatecumenales, alias los Kikos para dar menos miedo, cumplen con 8 de 10 condiciones para considerarse secta destructiva). No se corta un duro el sr. Rouco Varela (como no se corta para nada, apoyando usos y costumbres útiles para la vida social del medievo) en apoyar a estos talibanes de la cruz y la anulación del individuo inaugurando sus festejos. Tampoco parece que les rechinara lo más mínimo la canonización del pretor Escrivá de Balaguer, en cuya vida dudo que dejara una gota de soberbia para alguien en el mundo. Pero bueno, hablamos de bendita soberbia, lo mismo que de benditos ricos que, aunque en los evangelios se dijera que lo tenían más crudo para ser salvos que un camello para pasar por el ojo de una aguja, tan sólo hubo de inventarse la confesión para resetear pecados en un plis plas y pasar limpios de polvo y paja. Puagh. Otro de los peligros del catolicismo, su faceta limpia-conciencias, refugio de hideputas hipócritas con intención de reincidir.

Me asqueo porque la red está llena de testimonios de gente que ha conseguido salir con mucho esfuerzo de las redes de estas sectas, bajo todo tipo de amenazas, divinas y terrenales, tras arrastrar oscuros días de morbo mortificatorio, alejamiento de amigos y seres queridos, enfermiza sexualización de las cosas más normales, humillación, sumisión incuestionable a la doctrina del líder, manipulación coercitiva y anulación de la personalidad.
Y me asombra que esto cuente con el beneplácito de la Iglesia cuando, tal y como se relata en varios blogs de ex-kikos y ex-opusinos, puesto que estos grupos suelen considerar personas non gratas inclusive a los católicos menos radicales, llegan a robar en ocasiones feligreses a las parroquias "oficiales", que ofrecen servicios religiosos "tibios y poco auténticos".
En fin, podríamos hablar sobre estos temas durante varios posts, y poco bueno, con lo que recomiendo a quien quiera saber más, aunque sea para prevenirse, la lectura distraída de los blogs de ex-miembros.

Oye, que estoy seguro que de todo hay, que hay gente que, teniendo a todo su entorno familiar y afectivo dentro de la secta es la hostia de feliz, pero de verdad que esta involución no hace ninguna falta. Los tiempos jodidos que vivimos sólo van a poder ser superados con un cambio importante de mentalidad y un progreso auténtico en el modo de organizarnos, vivir, conocer y defendernos. Todo este oscurantismo es un lastre hipócrita que arrastramos desde siglos remotos, y problemas modernos, como la superpoblación, para los que no proponen soluciones sino más bien todo lo contrario, no son ninguna broma.

Y como había mucho material, dejaré lo más divertido para un segundo post con una selección de las mejores perlas de "Camino" que he encontrado en mi desquiciante lectura.
Hala, sed buenos. Así, sin amenazas.



sábado, 27 de febrero de 2010

Cosas que me tocan los cojones: coches.

Joder, la verdad es que no me he complicado nada. El caso es que me he dado cuenta de que no he despotricado sobre nada en lo que va de año, y tenía que hacer algo al respecto, así que, puestos a empezar a cagarnos en algo, y teniendo el tema de la nueva ley de internet demasiado fresco, me he ido a lo fácil, a esa unidad de procesamiento del odio (en adelante, HPU) que es nuestro querido coche.
Me sale esto ahora porque hoy me he tenido que enfrentar a una abuela, sudamericana por el acento, que me estaba tapando un hueco para aparcar porque el mongo de su hijo no era capaz de buscárselo por sí mismo. Sobre esto, no hay discusión; la calzada es para los coches y circunstancialmente para los peatones (bajar, subir del coche, etc). La puta abuela no tenía el menor derecho a plantarse en medio de un hueco para coches y decir amablemente que estaba cuidando el sitio a ningún huevón. Especialmente en mi zona, donde toda Valencia desea aparcar, donde los coches pueden pernecer semanas sin moverse del sitio y donde cualquier coche que ves en circulación está buscando sitio como tú. De verdad, a veces pienso que tiene un atractivo especial, que hay gente que cuando ve un hueco por mi manzana, tiene que aparcar, aunque no vivan ahí ni nada.
El caso es que la abuela de los cojones se jugaba la vida. Después de más de diez minutos de reloj dando vueltas sin encontrar sitio, casi la atropello al ver ese huecazo en batería. Se ha enfadado mucho, como todas las abuelas que creen que la edad otorga algo más que arrugas.

Siguiendo con el tema, otra cosa que no soporto son los subnormales distraídos que no saben ir por su puto carril, estos gilipollas que van casi pisando la línea, y que te lo ponen difícil para pasar por su lado si es una calle estrecha, ya sea porque conducen un "Cañonero" o porque son imbéciles.
O los peatones en pasos de cebra que esperan a que otro grupito esté a punto de cruzar para empezar a cruzar ellos, haciendo que poco a poco, con el tiempo, las bandas blancas del suelo se hagan más difusas, se confudan con el resto del asfalto y aprietes el acelerador.
Por otro lado, en mi zona hay una costumbre muy arraigada, que mi novia y yo entendemos como "comerse el yogur" (por decir algo, porque no sabemos qué hacen, realmente). Y es algo que mantiene atareados a los que se meten en un coche aparcado, y que les impide salir e irse a la mierda, dejando su hueco libre para aparcar. Se meten dentro del coche y hacen cosas ahí, quizá reirse y comentar sobre las caras de los que vamos buscando sitio, no sé, pero pueden llegar a estar más de media hora sentados dentro del coche antes de moverse. Quizá vivo rodeado de excéntricos pajilleros intravehiculares.
También los que van muy lento o los que van muy rápido, un clásico subjetivo que depende de si te encuentras delante o detrás de casi cualquier mastuerzo. Y es que en este país de gente tan válida,  no se puede ir al máximo de velocidad permitida. Es decir, si el máximo es 120, puedes optar por el carril de la derecha e ir a 80, o pasar al carril de la izquierda e ir a 180. No hay término medio. Al final lo mejor es ir por el de la izquierda y esperar a que el comemierdas de turno esté tan pegado que pueda ver con todo detalle todos los gestos obscenos que podemos comunicar con nuestras manos.

En fin, aquí no hay conclusiones. Conducir es una mierda, y los lobbies de las energéticas y sus marionetas los bastardos votados jamás nos darán otra opción.

martes, 27 de octubre de 2009

Corbatofobia

Esto viene como consecuencia de un comentario que me hizo una compañera la semana pasada, cuando dos tipos trajeados entraron a la oficina muy serios y se metieron en el despacho del director. Se me acercó y me dijo: "¿tú sabes quiénes son esos?... qué miedo, ¿no?". El caso es que andaba de curro hasta los codos y apenas me había dado cuenta. Pero me llamó la atención particularmente el respeto que infunde un vonoso traje y una ridícula corbata de los cojones.
Yo, que veo de esto día sí y día tambien, puedo garantizar que estos señores de traje y corbata son tan pelapollas o más que los que visten normal. De verdad, hostia, ya basta de tanto respeto a estos subnormales. De hecho, si algún día, por lo que fuera, dejara de currar en la banca, creo que de cruzarme con un engreído zoquete de esos que conozco lo freiría a collejas por la calle, o lo sepultaría a huevazos. Menudos gilipollas.
Normalmente, los tenemos moderados, que se visten como unos vendebiblias por obligación (caso de algunos bancarios que incluso, como yo, ni llevamos traje ni corbata) y los tenemos catetos que se visten así porque se molan más, por esas cortas miras de valores que tienen su tope en la sección de caballeros. Estos son los que se merecen la primera meada de la mañana en toda la cara.
Maleducados soplapollas que no tienen una pizca de idea de nada y se creen con el derecho y el deber de "comerse el mundo". Y lo curioso es que lo único que suelen comerse es el miembro de aquél ante quien responden, que siempre lo hay. Pero, entre comida y comida, los que se encuentran en el camino sufren su palurdismo.
Como un gilipollas que pidió a mi compañera una transacción de un modo que no se hacía desde que los bancarios usaban manguitos (para ahorrarse un miserable coste de 2 €, ya sabéis cómo hace dinero quien lo hace) y acabó dándole plantón y yéndose muy disgustado, sin mediar palabra, porque tardaba demasiado en averiguar cómo demonios se hacía eso con nuestro sistema.
O el lerdo que te ve hablando por teléfono y es tan guay que se sienta frente a tí enterándose de toda tu conversación con un cliente.
O el tarugo que se cree menos importante si no se queja de algo cada vez que hablas con él.
Y, en general, los capullines caducos de más de medio siglo que entran muy serios con unos aires de ofendidos eternos y te preguntan con mucha urgencia por el señor director, por favor. Joder, hágannos (a estos se les habla de ud. siempre) el favor de meterse su seriedad y su corbata por el culo, y denles vueltas, a ver si alivian su irritación de cólon y se les alegra la cara.
Lo peor es que de éstos, alguno de vez en cuando hay que te puede tocar los cojones de verdad, pero es muy difícil distinguir entre toda la paja trajeada, y te toca ser correcto.

Pero de verdad, que lo que pasa en este país con el tema de los trajes y los señores es un alucine. Y si no que se lo digan a los inútiles de El Aprendiz. ¿O es que a nadie se le ha ocurrido que estos payasos todavía harían más el ridículo si no fuera por sus bonitos trajes y, algo que nunca debemos olvidar, el señor cámara que los acompaña a todas partes? ¿Y por qué hacen eso de toquitearse los botones de la americana todo el tiempo? Pero bueno, lo de éstos bien puede dar para otro post exclusivo.

Pues eso, que necesitamos una educación para el vasallado que nos enseñe a tantear primero y respetar después. Con ilustraciones gráficas de ejecutivos en actitudes escatológicamente humanas, que nos recuerden la materia orgánica que envuelven esos trajecillos grimosos. Como, por ejemplo, cagando sobre una taza rodeada de papel higiénico, o esclafado al pie de un rascacielos con las piernas torcidas y el vientre desparramado por la acera. Sería un curso de serie Z, para adultos, que conste. Quizá algo así impactante ayudara al plebeyo a obviar el traje y la corbata de esta gente, y le ayudara a comportarse con dignidad frente a ellos. A la DGT creo que le funcionó algo parecido, en lo suyo.
En fin, que menos mal que tengo blog para contar estas cosillas. Eh, de verdad, os lo digo yo, que los conozoco. Que hay mucho tontolnabo con corbata.

lunes, 28 de septiembre de 2009

De todo un poco

Pido ayuda desde aquí a algún psicólogo, sociólogo o lo que sea que me ayude a entender  las causas que gobiernan los siguientes comportamientos humanos, que me fui encontrando por orden cronológico sin ir más lejos desde ayer tarde:

Domingo, 27 de septiembre de 2009

-17:30- Decidimos, mi novia y yo, a bote pronto, ir al cine a ver una peli. En domingo, solemos ir por la mañana, pero por circunstancias, esta vez no hemos podido. Tb podemos ir entre semana, los viernes, o los sábados antes de salir..., sin ningún problema. Decisión de última hora, la peli empieza a las 18:10.
Llegamos y nos encontramos una cola de gente que no te la acabas ni con 8 litros de queroseno.
Claro! es el puto momento que los borregos tienen programado para ir al cine, no había caído. Y lo que más me jode, es encontrármelo por casualidad, de sorpresa, con toda mi inocencia. Allí, caras de contrariedad, todos jodidos porque no saben si pillarán la entrada a tiempo de que empiece. Como si no hubiera otro puto momento para ir al cine. Yo los miro con cara de: "¿Por qué hoy y ahora, mastuerzos?".
-18:05-Yo, muy listo, hago cola en la máquina. Porque a mí me encanta tratar con máquinas. Yo me cago en el anuncio ese roñoso con su cantinela de que ya no se trata con personas cuando se solicita un servicio. Vivan las máquinas. De hecho, el día que la gente espabile, me quedo sin curro. No veo apenas ninguna actividad en la banca que no pueda hacer de puta madre un buen software o, como mucho, un tío por teléfono. Y si encima ahorran cola, llámame abrazamáquinas. Pues eso, que no necesito que me aconseje la taquillera qué peli debo ver ni ninguna mierda así. Pero hay un problema. Los 4 que tengo delante valen por 40. No se aclaran. De verdad, no digo que todo el mundo no merezca una oportunidad, pero que practiquen en casa con un PC, o que trasteen aunque sea con su puto móvil antes de enfrentarse al mundo exterior.  O al menos que sepan qué película van a ver, que el cine está muy caro para ir a ciegas. Total, que cuando me toca, ya es tarde.
-18:25- De vuelta a casa, vemos a un gilipollas que lleva escrito en la luna trasera del coche "El Diablo". O sea, un chimpancé que probablemente trabaje en una almacén o una obra, se pone un distintivo pretencioso en su carro. Este tipo de cosas tampoco las entiendo. Al mismo tiempo lleva dos pegatinas de margaritas, una a cada lado del maletero. ¿Quién me explica qué fascinante mecanismo de marketing (qué digo, esto tiene nivel de hipnosis colectiva) ha llevado a las garrulas pegatinas de margaritas a lo más alto de los accesorios absurdos?. Aquí encontré una explicación, y pido a todos los dioses que en mi próxima vida NO me toque ser persona.

Lunes, 28 de septiembre de 2009

-08:45- Mi novia tiene hora en el médico. Siempre que ha de ir se lo coge a estas horas, para coincidir con poca gente y para no perder mucho curro. Pero hoy todo ha cambiado. Llueve, y es otoño. El bioterror invade a las reses. Cuando llega, le cuesta encontrar un sitio donde permanecer de pie. Luego se contagian de gripe, los gilipollas.
-15:35- Vuelvo del curro por la misma carretera por donde he venido. Sólo cambia una cosa. Ahora llueve, nada extraordinario, pero llueve. En canto me incorporo, catorce mil coches aparecen ante mi vista, todos parados. Me gustaría pensar que, debido a la lluvia, mucha gente no ha podido ir en bici hoy, y por eso han cogido coche, pero la bastarda de la alcaldesa ya se ha ocupado bien de que sólo se pueda ir en bici por cuatro parques de mierda, luego eso no debe de ser. El transporte público no moja a nadie, confío en que nadie lo haya cambiado por el coche por cuatro nubes de nada. Que alguien me corrija si dieron un parte meteorológico de lluvia ácida para hoy, entonces me callo.
No, debe de ser que en cuanto caen dos gotas de mierda, al valencianito de sol y playa se le cruzan los cables y se hostia con el primer coche que tiene delante, o no pasa de 40 en autopista, presa de un ataque de pánico.
También sospecho que la gente se multiplica al mojarse, como los Gremlins, pero esto aún no lo he confirmado visualmente. Conmigo no sucede, ya lo adelanto.
Pues eso, nada más, ya me he cansado. Con estas dudas me voy a la piltra.

domingo, 10 de mayo de 2009

Clientes: festival del humor viejuno

Éste es un handicap del trabajo con trato al público especialmente molesto cuando uno tiene un sentido del humor peculiar o ha nacido en una generación posterior a los 60. Se trata de los clientes chisposos, los que sueltan gracietas. Y lo jodido es que cuanto menos talento atesoran los gañanes, más insisten en ponernos a prueba.
El chascarrillo rancio del cliente carrocilla puede buscar dos reacciones en el empleado: la sonrisa, o la risa abierta o, lo que es peor, la batalla de gracietas. Esto último es muy valenciano, y es particularmente difícil de llevar bien. Algunos ejemplos:

-"Buenos días a todos menos a uno".
Esta brillante entrada puede derivar en una batalla de gracietas si realmente existe un aludido, el cual debe contestar inmediatamente con alguna mierda sin gracia que le devuelva su honor. Normalmente, el gañán nunca dice a quién se refiere, si es que lo dice por alguien, en cuyo caso, una sonrisita o un chascarrillo rancio lo dejan satisfecho. Nunca, jamás, se debe preguntar a quién se refiere, pues se rompe toda la magia.

-"¿Cómo estás?"
-"No tan bien como tú"

Esto prentede provocar una batalla de gracietas y topicazos para ver quién está peor. Por el contrario, se puede atajar dándole la razón a este respecto, pero es posible que no quede sastisfecho con la conversación. La respuesta adecauda es una respuesta - rebote del tipo: "tú sí que estás bién, mamón, que te quejas de vicio, que se te salen los billetes por... etc". Siempre cuidando de no excedernos: "con esa panza que te gastas me cuesta creerte " o usar la lógica: "Pues para estar tan mal vienes con muchas ganas de hacer el tonto". La lógica siempre tiene un efecto indeseado y rompe la atmósfera.

-"Bon día si no plou."
Con ello el viejuno pretende activar la guardia y el buen humor del empleado. Normalmente, bastará con un "ahí, ahí" aunque, si nos lo proponemos, puede dar lugar a auténticos festivales del humor o, por el contrario, interesantísimas conversaciones sobre meteorología de alto nivel.

Los arcos detectores de metales, a la entrada del banco, son inquietud constante y fuente de inspiración para los genios de la comedia:

-"La pistola la he dejado en casa, hombre!"- o, por el contrario:
- "Y si dejo la pistola fuera, cómo voy a atracaros?"

En ocasiones, consideran que su acudido es lo suficientemente tronchante como para repetirlo una o dos veces más. Conviene en estos casos cortar la estúpida situación con una risa audible, que corresponda a sus expectativas. En cuanto a la respuesta adecuada... a mí todavía no se me ha ocurrido, al menos no sin quedar como otro gilipollas.

Otro tema estrella es la mujer, o parienta (que queda muchísimo más gracioso.) Las ocurrencias aquí siguen dos vías: la de calzonazos risible o la del calzonazos cabreado:

- "Cómo se ha pasado este mes. Le voy a meter la tarjeta a mi mujer por el ojete, a ver si le hace tanta gracia."
- "No te atreves, Pascual."
- "Que no? de eso y de más. Un día de estos, pam, y la envío a la luna, etc..."
- "Pero si está la primera en todas las cuentas!"
- "Ves como es una bastarda?"
Y así hasta que uno quiera. Una vez más, no cabe la opción del silencio. Cuando el caduco cliente entra en modo misógino, sólo acepta complicidad y falidaridad (con o sin batalla de gracietas).
Algo parecido ocurre cuando el carrocilla se pone cachondero con otra clienta, o con una compañera. Se lo tiene que decir al empleado, es una cosa que no puede guardarse dentro.
Me explique alguien algún día qué gracia tiene mostrarse cachondo a otro tío que apenas conoce hablando de las carnes de una presente. Qué extraña satisfacción obtienen? A qué jugaba con sus amigos la generación que no conoció el Spectrum?

Por último, las cuchufletas que surgen expontáneamente cuando sacamos, por lo que sea, billetes de 500 €. Esto produce un nerviosismo palpable en el cliente antiguo chisposo. Aquí, la excitación y la inquietud que genera esta visión, provocan comentarios más viscerales, con menos inventiva:

-"No te sobra uno de esos?"

Aunque los auténticos linces de la hilaridad saben guardar el tipo en cualquier circunstancia:

-"Jostiá! un Bin Laden! A que no sabes por qué les llamo Bin Laden...?"

Lo cual me lleva a concluir para cualquier posible cliente que pueda leer esto: si vas a hacer una gracia en el banco que ya habías oído antes a otro, piensa antes de abrir la boca, que el empleado que está ahí ya la ha oído unas 30 veces. Por contra, si te la inventas al momento, la habrá oído ya unas 25. Es un consejazo de Bancario Sectario!