Uno compra unos pinceles en los chinos y piensa: "bueno, es posible que se me queden calvos en un par de semanas, pero total, los quiero para una tontada". Pero los chinos siempre van un paso por delante; cuando te quieres dar cuenta, la pintura que cubre el pincel se descascarilla escandalosamente y caen trozos en el bote de pintura, o la parte metálica se oxida anormalmente rápido. Su creatividad a la hora de diseñar defectos es enorme, por eso cuando se examina el producto en la tienda no se encuentran irregularidades; porque éstas se encuentran en aspectos del producto tan básicos o tan retorcidos que jamás podríamos imaginar que pudieran dar problemas.
Plumeros con curiosos botones sin ninguna función, resistentes pero con la impredecible capacidad de engancharse en todo lo que tocan, cepillos simples con púas fuertes que no recogen ni un pelo y hacen bolitas en los tejidos, pantalones de confección y tejido aceptables que albergan espacio para un tercer glúteo, tolvas de agua para gatos que en cuanto se colocan en su posición vertical vierten todo el agua hasta quedar casi vacías, cargadores para móvil con una clavija idéntica a la original para el ojo humano pero que no entran en el teléfono, reproductores de mp3 devora-fusibles para coches... la lista es casi interminable, y animo desde aquí a crear una divertida lista de aparatos con defectos sorprendentes en los comentarios.
Y sin más dilación, mi último descubrimiento en fail-tech: un set de costura para hacerme algunos apaños en mi disfraz de Halloween! en primer lugar, veremos el aspecto de conjunto, tal y como lo vemos en la tienda:
Por setenta y cinco centimazos de euro, agujas, hilos de varios colores, cinta métrica, dedal, tijeras y enhebrador de agujas. Una ganga, tirado de precio. Además, ¿qué puede salir mal? los hilos, hilos son, al igual que las agujas. La cinta métrica tampoco es ningún misterio, sólo es una tira de plástico con cosas impresas. Las tijeras, dos cuchillas unidas por una "bisagra", se las supone poco afiladas, pero poco más.
Pues bien, una vez en casa, se descubren los pequeños detalles iniciales: las agujas no son de distintos tamaños, habrá tres tamaños y muchas duplicadas. Pero no es todo, porque una vez se saca una de ellas del estuche, no se pueden volver a meter sin que asomen peligrosamente por la parte inferior de la tapa. Naderías. Pasamos a los hilos:
Exactamente, tecnología de enredos y nudos automatizados con tejido deshilachado de última generación, enrollado sobre cilindro de papel corriente y lo más destacado: no asoma el cabo inicial por ninguna parte! Y cuando digo por ninguna parte, quiero decir que ni está ni se le espera, que hay que pellizcar de cualquier sitio, cortar ahí y comenzar a tirar del rollo como se pueda para sacar hilo. Ingenioso, ¿verdad?. Ahora viene cuando hay que cortar con las tijeras:
Si cabe el dedo, claro está. Obviando el exquisito acabado de los bordes del plástico, pronto se advierte que no es ése el principal problema; lo que hace tirarlas a la basura es que... ¡no se pueden abrir!. Cuando se usan ambas manos para hacerlo, quedan del siguiente modo:
Manteniendo su castidad por los siglos venideros. Sobre el dedal (tira metálica doblada toscamente sobre sí misma a modo de anillo, que a mi gato le pareció un excelente juguete) y el enhebrador, mejor ni hablamos, y dejo para el final el detalle de la cinta métrica, fabricada en un magnífico papel impreso a una cara y con la asombrosa longitud de cincuenta centimetrazos!
Muy útil para tomar medidas a hobbits, gatos esbeltos o genitales humanos.
Lo crean o no, al final me hice el apaño, no sin dejar por el camino enganchones varios y cortar y empalmar hilo en varias ocasiones gracias al eficiente sistema de nudos automatizados. La conclusión es que, efectivamente, el conjunto vale setenta y cinco céntimos o menos, en China como en Finlandia.

