domingo, 24 de febrero de 2013

Zombis en las redes: aprende a identificarlos


La verdad es que pensaba hablar de alguna peli o cómic que haya tenido el placer de degustar últimamente, pero la realidad se impone. Y no lo hace a través de la matrixmedia, que ha dado mucho y muy jugoso en las últimas semanas, ni lo hace por desgracia en las calles, donde todos deberíamos estar decidiendo ya a quién ponemos al frente de este chiste de sal gorda que tenemos por país. Se impone en las redes sociales donde, a tenor de los últimos acontecimientos filtrados con vete tú a saber qué intención, se manifiesta de un modo empírico que las redes sociales están llenas de zombis programados por los partidos de derecha en un asombroso 98% de los comentarios surrealistas.

Teorías de la conspiración sobre las últimas noticias sobre corrupción publicadas en los plutodiarios las hay a porrillo, y no me voy a extender sobre cosas que se han desarrollado y tratado ya por todos los rincones del iberociberespacio (por citar un resumen digno podéis ver lo último del Dr. Zayus al respecto). Me centraré únicamente en lo que esto ha significado para el electorado pepero y su presencia en las redes.
Desde mi punto de vista, siempre vigilante ante cualquier indicio epidémico zombi, el efecto que ha causado sociológicamente la bomba informativa soltada se asemeja mucho a un pasaje de ese entretenidísimo libro de Max Brooks, Guerra Mundial Z, que resumo a continuación no sin antes advertir de que se avecina un pequeño spoiler.
En un momento dado, si mal no recuerdo, porque hace mucho que lo leí y no me he tomado la molestia de buscar el capítulo de nuevo, había un dilema en un famoso puente que da acceso a una ciudad rusa. El puente estaba atestado de gente, y era crucial hacer chequeos a los refugiados que llegaban por él para ver si portaban el virus y aislar la ciudad del ataque epidemiológico. Todos sabemos que los zombis son difíciles de matar, hay que darles en la cabeza y se malgasta mucha munición hasta que se consigue. Además, no había apenas tiempo para esos chequeos y la gente, aterrorizada, no iba a colaborar demasiado.
El ejército resuelve de la siguiente manera: rocían el puente con un gas nervioso que se cepilla a todos los vivos. Los infectados, volvían a levantarse. Los sanos, no. Después de eso, ya sabían lo que tenían que hacer y cuáles eran los objetivos sobre los que había que usar la escasa munición.

Con los votantes del PP ha ocurrido un efecto parecido: Los documentos que se han destapado sobre sus corruptelas han hecho el mismo efecto que el gas nervioso: los votantes no infectados han caído, esto es, ya no volverán a ser votantes del PP. Los votantes zombis, que estamos comprobando que son muchos, siguen en pie defendiendo a su partido como autómatas, revelando su verdadera condición. Y la verdad es que estos zombis dan bastante más miedo, porque los entiendo menos.

En Twitter, @masaenfurecida, que podrá gustar más o menos pero se merece el Nobel de sociología, si es que eso existe, nos ha brindado retuits asombrosos que son claros ejemplos de programación mental avanzada:

"Ojala Bárcenas pueda demostrar que el dinero que tiene lo ha conseguido legalmente, callaría muchas bocazas."


"Deseo expresar mi más sincera admiración a don Mariano Rajoy Brey por lidiar con tanta chusma y permanecer integérrimo."

"Gracias a  hoy en Europa se vuelve a creer en España,  ¡ sigamos así !"


"Estoy muy orgulloso de  ,el Presidente de España más transparente que hemos tenido, que publica sus datos fiscales desde 2003"


"Por mucho que algunos busquen absurdos motivos para negarlo, nada "



" nos encaminan hacia la salida de la crisis y hacia la creación de empleo. "

Por respeto a la memoria y familiares de los afectados, he preferido omitir los nombres.
Sin necesidad de llegar a saber del escándalo de corrupción sobre financiación ilegal y economía sumergida que ha destapado El País, que es algo así como la lluvia dorada final sobre nuestras cabezas, el PP era un partido indefendible desde que se pasara por el forro su programa-cebo en virtud de órdenes más altas y extranjeras, como ya hiciera en su día PSOE, órdenes de probada destrucción socio-económica según la gran mayoría de académicos. Si a ello sumamos que PP ejecuta mayormente las directrices más lesivas para el electorado con especial regocijo clasista y aviesa intención regresivo-madmaxista, la lógica ira popular es una consecuencia segura.
Es por ello que la conducta extraordinariamente irracional que muestran estos sujetos delata su condición inequívoca de zombis partidistas. Los últimos hechos aflorados en la prensa sobre la derecha que nos gobierna han provocado el mismo efecto mortal sobre el electorado consciente pepero que el gas nervioso del ejemplo anterior, y sabemos que los que quedan en pie no pueden ser humanos.
Pero no debemos subestimar la amenaza, pues al contrario de aquellos, éstos tienen derecho a voto y no os quepa duda que lo ejercerán.

Como el zombi clásico, el muerto votante presenta un aspecto característico que puede ayudar a identificarlo en las redes incluso antes de que escriba sus habituales sinsentidos.
Normalmente, escoge como avatar una foto de sí mismo sin ningún tipo de post-proceso que denote aptitudes artísticas, con un peinado impecable, mirada vacía como de suficiencia y encuadre con amplitud suficiente para mostrar que viste de traje y corbata. Las banderas y otros signos de orgullo injustificado son habituales.



Se cree que el método de manipulación coercitiva empleado por el Partido Popular pasa por la repetición de expresiones y mantras que a fuerza de machacarse en informativos calan en los cerebros enfermos sin apenas pérdidas apreciables de sintaxis. Cantinelas como "ejercicio de transparencia", "senda de crecimiento" o "senda de recuperación económica", "herencia recibida", "medidas duras pero necesarias", "marca España", "credibilidad", "creación de empleo" atraviesan el filtro crítico de la consciencia para instalarse sin pérdidas apreciables en el inconsciente de este colectivo, por efecto de algún tipo de nigromancia poderosa.

Así que, cuando os encontréis retuits de estos muertos votantes sabed a qué ateneros y, sobre todo, no os molestéis en razonar con ellos. Hasta ahora, no se ha conseguido un antídoto eficaz.

martes, 22 de enero de 2013

El dress code profesional

No me explico cómo no he tratado este tema anteriormente, con la rabia que me da y las palabrotas que me hace decir, así que me he acordado, de pronto, por una de esas circulares que te hace pensar en gasolina, gritos y cristales rotos, de esta lacra que muchos profesionales sufrimos. El dress code, o código de vestimenta, survivors, no es tema baladí. Muchos de vosotros, personas decentes de bien con trabajos honrados, puede que no hayáis oído hablar de esta fachorrada en vuestra vida, pero los que trabajamos en empresas grandotas lideradas con puño de hierro sabemos lo que es y por qué nos ponemos una corbata cada mañana.

El código de vestimenta es ese texto rancio que te sugiere en una empresa cómo debes vestir. Eh, no debemos alarmarnos, que no es que se nos diga lo que tenemos que llevar puesto, sólo se trata de una inocente ayuda para las dudas que puedan surgir a los recién llegados, una cosa que está ahí por si hace falta. Y un sitio donde un jerifalte calvo y panzudo con los carrillos colgones te remite en cuanto te ve con un aspecto demasiado humano.
No creáis que no es una subcultura fascinante, ésta de la corrección en el vestir y demás. A ello le debemos esto de que abdómenes gelatinosos hinchados por los excesos que hacen que el cinturón se doble hacia adentro, o papadas que rebosan por el cuello de la camisa como masa pastelera, sean pinceladas varoniles que dan personalidad a su propietario. Una camisa sin corbata, en cambio, es visto como una provocación y una fata de respeto equiparable a escribir un correo golpeando el teclado con el pene.

A pesar de que cuatro mentes racionales decretaron hace años que esto de los trajes y las corbatas suponen una barrera estupenda a la comunicación y el acercamiento entre seres humanos, además de que las corbatas afectan al riego cerebral, los dinosaurios cristofascistas se empeñan en meter y meterse en trajes incómodos que tiran de toda la anatomía humana y son lavados con trabajo o dinero e insalubre frecuencia. Esto último puede apreciarse con frecuencia en el despacho del director que, por ser el tipo que suele gastar los trapitos más caros, concentrar mayores sudores psicosomáticos y estar confinado en el único habitáculo cerrado, suele presentar un olor a vinagreta característico.

En el caso de los señores, el tema está en ir con un afeitado impecable, peinado correctamente, pelo corto o hasta donde permitan las tendencias peperas, camisa, traje completo, corbata y zapatos de vestir. Es prioritario que nada de lo que lleves puesto te pueda servir un mojón en tu vida privada. Los trajes son casi todos iguales, pero las corbatas y las camisas ofrecen una peligrosa diversidad cromática y estética que debemos saber gestionar para no ponernos en evidencia. Por ejemplo, hay que saber distinguir entre camisas y corbatas de fiesta y camisas y corbatas de trabajo. En realidad no es difícil, acertarás siempre siguiendo el criterio de la ranciedad. Las camisas han de ser azules o blancas y, si nos envalentonamos, de colores pastel apagados, siempre colores planos. Las corbatas han de ser a rayas o moteadas con figurillas abstractas/aburridas, del tipo más incombinable posible. Que no os tienten las hechuras juveniles, más estrechas y un tanto menos ridículas. Estamos en un mundo dominado por carrozas cavernarios o, como ellos gustan en llamarse, caballeros, y  los caballeros portan corbatones grandes y anchos, como si los fueran a usar para limpiarse la chorra de después de mear. Bueno, eso sería dar una utilidad a este idiota y mierdoso colgajo de tela.
Significativo es que en estos mundillos de cretinos prosofóbicos no se hayan cambiado apenas las formas de vestir en 130 años.

Las mujeres lo tienen más sencillo, pues lo único que preocupa a la moral católica troglodita es la altura de la falda y la abertura del escote. He visto desde señoronas que van como nosotros hasta compañeras en vaquero y camiseta (aunque éstas últimas no sé si cuentan con el seal of approval). Bien por ellas.

Al final, el objetivo de todo esto no es más que el de aparentar que cobramos mucho dinero y que venimos de una estirpe dominante superior, que es algo que hoy en día conecta muy bien con la gente, nos grangea muchas simpatías y nos facilita nuestra sempiterna tarea de decir a los clientes: "es lo que hay". Puta mierda de frase, por otro lado. Ah, sí, y dar buena impresión a la gentuza que amasa la pasta.




lunes, 31 de diciembre de 2012

Ser bancario hoy

Actualmente, el trabajo me deja tan seco que cuando llego a casa, no me quedan fuerzas ni para quejarme por nada, motivo por el cual este blog lleva demasiado tiempo parado, desde el último embiste que logré realizar a una de las más arraigadas costumbres cristofascistas occidentales (las bodas civiles, quitando la ceremonia, suelen participar del mismo modo de todo el folclore posterior).
Así que aprovecho para comentar cómo está el panorama  por la banca de primera línea de defensa por si sirviera al próximo estimado cliente que vaya a visitar una oficina.

El tema está así: todas las entidades cobran cada vez más comisiones por un huevo de cosas, y las que dicen que no, es porque sudan un huevo de aceptarte como cliente. Me explico: existen algunas entidades, usualmente basadas en web, que ofrecen el oro y el moro y las cero comisiones a todos sus clientes. Para descubrir su secreto, basta con tratar de abrirse una cuenta. En efecto, no puedes a no ser que tengas una nómina. Qué listos, porque con una nómina domiciliada, NINGÚN banco cobra apenas comisiones a sus clientes y, si lo hacen, largaos de ahí cuanto antes, porque el cliente asalariado es un puto tesoro en estos tiempos madmaxistas que corren. Toda comisión cobrada en cuenta corriente o ahorro sin nómina de por medio, y esto incluye empresas y autónomos, es algo habitual en todos los bancos. Así que, por favor, ya basta de transmitir sensaciones al cada vez más sociópata tipo de la ventanilla. Elevad esas quejas a esferas más elevadas, ampliad la mira para abarcar más objetivos.

Las comisiones vienen a cobrarse por un problema básico de rentabilidad, unido al conocido fenómeno del continuismo salarial de los altos hideputas. Para seguir pagando una obscenidad a directivos, enchufados, consejeros y otras razas de noche, se hace necesario sacar pasta hasta de debajo de las piedras. A esto siempre está el que dice: "vosotros" (como si el banco fuera de alguno de los empleados) "ya sacáis mucho dinero de nuestros ahorros". Bien, si atendiésemos a ese principio básico de diferencia entre tipos de interés, nos encontramos con que actualmente de las hipotecas cobran un interés que básicamente es el Euribor, que se encuentra actualmente por debajo del 1%, mas un diferencial que por término medio suele ser de uno o dos puntos más. Por término medio, tendremos que de una hipoteca estándar, de las concedidas en la época de la "década dorada" Aznaril, se saca un rendimiento del 2,5% en el más generoso de los casos. Los préstamos personales van más caros ahora, pero estaréis de acuerdo conmigo en que de ésos apenas se conceden hoy en día, y su volumen es mucho menor en comparación con el inmenso vertedero hipotecario.
Por otro lado, tenemos los tipos que el banco paga, los de los depósitos a plazo fijo, que son los que constituyen mayor volumen (porque, normalmente, en cuanto alguien tiene algo ahorrado un poco por encima de lo que piensa gastar, lo mete en un depósito). Éstos se pagan por término medio, al 3% - 3,5%, sobre todo desde que el gobierno levantó la veda de las medidas anti-guerra de pasivo que se impusieron en tiempos de PSOE. Para captar nuevo dinero, no es raro ver tipos del 4% o más, según la desesperación de cada entidad.
En resumen, tenemos una diferencia cobros-pagos que, así a primera vista, no parece que vaya a hacer rico a ningún banquero, sino más bien todo lo contrario. Es cierto que la banca también invierte en otras cosillas, de las que ahora no vamos a hablar para no revolver estómagos, pero queda demostrado que la manera tradicional  bancaria de hacer dinero ha quedado algo obsoleta.
Además, está el tema de los índices de capitalización que se exigen ahora para poder fiarse una mierda de cualquier banco que tiene como principal activo un montón de basura sobrevalorada e inestable. Lo explican en la revista Consumer aquí con bastante sencillez.

Por este motivo, también vais a ver cómo se os ofrecen con suma cansinez productos para captar vuestro capital del modo más amarrado posible vía acciones del banco, obligaciones, pagarés bancarios, capital social, bonos, etc, para poder capitalizarse con arreglo a las exigencias estatales después del descalabro contable que ha provocado la caída del valor de los pisos que tienen en stock. Meter pasta ahí depende de lo que cada uno se fíe de su banco, pero personalmente me parece increíble que después de lo de Bankia se atrevan a mandar a sus huestes a vender este tipo de productos, como si los empleados fuésemos parientes del hipnosapo.

Y, como he dicho, para evitar cualquier tipo de pérdida, os clavarán comisiones hasta por mirar la publicidad.

Dicho esto, aconsejo que antes de amenazar con retirar todas las cuentas de un sitio, nos aseguremos de que el nuevo banco no nos va a cobrar lo mismo o más. Y, como siempre, organización, información, difusión y consumo inteligente. No se gana ninguna batalla de este tipo yendo uno sólo contra el de la ventanilla, sino organizándose masivamente para castigar o premiar con nuestro consumo a las entidades en función de su actitud.
Recordad mirar siempre hacia arriba, y a ambos lados. Descubriréis enseguida que la mierda cae de ahí.

Ah, feliz año!

jueves, 1 de noviembre de 2012

Manual para sociópatas: Bodorrios (y II)


Hola, socialers! continúo por donde lo dejé, después de un huevo de tiempo transcurrido donde más de la mitad del post estaba ya hecho y por pura pereza no se ha terminado en un plazo razonable. Recuerdo que esto trata de ser un manual de comportamiento para bodorrios, dentro de lo que podría llegar a ser un topic nuevo sobre etiqueta de la normalidad y fórmulas de comportamiento y camuflaje en eventos incómodos de la zombicidad:

FASE 4: BANQUETE

Es la fase de la cena. Se distinguen dos partes principales: picoteo, donde nos dan a probar bocaditos de cosas con sabores fuertes y difícil digestión con copas de todo tipo, y cena propiamente dicha. Advierto desde este momento que es casi imposible llegar al coche con el nivel permitido de alcohol en sangre al salir de una boda.
Se comienza con el picoteo, donde todo el mundo está de pie cogiendo al vuelo las cosas que nos ofrecen los camareros, charlando de banalidades. Ojo con la vergüenza a la hora de picar cosas, pues de este momento dependerá que salgáis del evento cenados o no.

Al cabo de un largo tiempo, tan largo como les venga en gana, llegan los novios de hacerse fotos o no se qué mierdas, con alguna canción empalagosa que anuncia su llegada, y podemos sentarnos pero, cuidado, hay que fijarse en qué mesa nos toca. Normalmente se indicará en algún cartel y, si los directores de juego lo han hecho bien, en breve estaremos sentados con gente conocida.

A partir de aquí uno ya puede ver la carta de lo que va a cenar, que puede ser totalmente críptica o, por el contrario, titular a cada plato con su lista completa de ingredientes, sin medias tintas.
Acordaos de coger los cubiertos por orden, de fuera para adentro, y colocaos la servilleta y toda esa mierda, que los señorinis (que acaso coman con las manos en su casa) van a estar atentos.

Aquí hay dos eventos importantes e ineludibles. El reparto de ramos y el corte de la tarta. Para lo primero, sonará de pronto una musiquilla pachanguera y los novios se levantarán para coger un buen puñado de ramos de flores y repartirlos entre el público. A la gente esto le encanta, y no es raro que se levanten y hasta hagan palmas, no os asustéis. Los novios pasarán por todas las putas mesas, como dándole emoción cansina al reparto, a lo Nuria Roca en la cosa ésa del Millonario.

-¿Qué se espera de nosotros?

-Identificaremos con premura el trozo de pan que nos corresponde y lo tendremos vigilado. Un tipo que sabe cuál es su trozo es un tipo que controla de bodas.
-Nos pondremos la servilleta sobre los muslos, aunque dé calor y sepamos manejar con habilidad los cubiertos.
-Reiremos los comentarios jocosos sobre los platos que llegan. Se valorarán comentarios aburridos de entendidillo.
-Si no tenemos por compañía a colegas, podemos hablar de temas rancios populares, tales como restaurantes, móviles, niños, coches, viajes y cosas de clase media. No se espera que un tipo trajeado hable del decálogo de la manipulación mediática, así que reprimíos un poco, bebed todo lo que echen en las 2 ó 3 copas que tengáis a mano y pensad que ya queda menos para que acabe.
-No olvidar toquetearse los botones de la americana siempre que uno la lleve puesta.
-Dejar algo en el plato; comer todo lo que te ponen sin dejar desperdicios es de cerdos. Ya os dije que vuestro sustento dependía de lo que pillarais en el picoteo.

En la segunda fase de reparto de ramos, la verdad es que es difícil de decir. Los novios irán haciendo entrega de ramos a parejas, para maldecirlas con la responsabilidad de montar el próximo bodorrio, según tengo entendido, y a personas mayores o solteras, por motivos desconocidos. 

-Deberemos prestar atención al reparto y, una vez más, reprimir la estupefacción o la risa cuando veamos que, por ejemplo, la que recibe el ramo se pone a llorar o los abraza como si le hubieran pagado la hipoteca.
-A juicio de cada uno, se pueden dar palmas, pero no es obligado.
-Se valorará poner cara de bobo complacido.
-Si se es objeto de entrega de ramo... yo que sé, nunca me ha pasado, pero supongo que hay que reírse mucho o algo. Fijaos en lo que hacen los demás, no sé. Menuda mierda.

Llegados a la fase tarta, como ya vendrá siendo normal, una canción chunga a volumen estridente anunciará que la pareja tiene intención de hacer alguna gilipollez que hay que mirar. Un camarero sacará una tarta de varios pisos con un carrito y dos monigotes en la cima machihembrados y los novios irán para allá para agarrar, bien un cuchillo tamaño serial killer con el mango forrado de papel de plata, bien una espada roma toledana de las de decorar paredes, y plantar el filo en la tarta para... otra de esas mierdas que no tienen pies ni cabeza.
Al finalizar, nos traerán en un platito un trozo de esa tarta, que será siempre de bizcocho, merengue, trufa y almendrillas, con variaciones. Con este toque final se aseguran de que las tripas no nos dejarán dormir esa noche.

-Nos levantaremos, cámara o móvil en mano, y echaremos fotos como si estuviéramos en un set de rodaje de Juego de Tronos. No os preocupéis, cuando vayáis hacia el coche, las borráis todas y ya está. Pero acordaos.
-Cuando se cansen de hacer el monguer, aplaudimos.

FASE 5: Regalitos y cóctel

En esta fase, los que se desenvuelven con soltura y hasta disfrutan de estas mierdas, ya no están en su sitio. Se han levantado para hablar con alguien o mear, o lo que sea. El caso es que alguien llega y nos da un obsequio sesgado por sexo y edad. A los varones adultos, generalmente nos corresponde un puro, a no ser que se hayan esforzado un poco. Ya lo sé, es como si nos regalaran un trozo de ladrillo o medio calcetín, pero estos eventos son así. Ojo, hay quien se lo enciende. Huid de esos, que ese pestazo se pega como la gripe.

Después de esto y la fase de cafés fríos, que no merece mayor explicación, llega la fase cóctel, donde la gente acude a churrar todo lo que puede para pasar con soltura la última fase del bodorrio. Hay una barra gratuita donde un par de camareros sirven cualquier cosa alcohólica que se les pide y tienen. Conviene no despistarse con esto, ya que en seguida se llena muchísimo y es una agonía pedir cualquier cosa. Hay que tener en cuenta que el que no consiga un nivel de intoxicación suficiente, será consciente de todo lo que venga a continuación, motivo que genera mucha ansiedad en los asistentes. No en vano, es habitual ver niños fumando cigarros o consumiendo cubatas, pues sus padres lo permiten excepcionalmente para ahorrarles sufrimiento.

¿Qué se espera de nosotros?

-Dar las gracias por el puto puro, y hacer como que lo guardamos.
-"Olvidar" el puro en la mesa con la esperanza de que algún tío raro se lo lleve.
-Acudir pronto a la barra y pedir algo fuerte y sin mezcla, sobre todo si pensamos quedarnos un rato.
-Si no conducimos, podemos mezclarlo con algún ansiolítico y borrar las siguientes cuatro horas de nuestra puta cabeza para siempre. Opcional.
-Alternativamente, podemos pasar de los cubatas y preparar la excusa para darnos el piro de inmediato, la siguiente fase no es del estómago de cualquiera.

FASE 6: Decadencia total y fin de partida.

Si por los motivos que sean, hemos decidido aguantar hasta el final, esto es lo que ocurrirá. Un tipo sin escrúpulos tomará control de unos platos de mezcla y se dispondrá a infligir todo el daño que pueda con el solo uso del repertorio musical del salón. Sin previo aviso, comenzará a desfilar por nuestros oídos toda la mayor puta mierda submusical conocida, una escalofriante colección de los peores éxitos veraniegos de todos los tiempos, sin dar nada por malo o desfasado. Aquí lo mismo se resucita a Manolo Escobar que al Tractor Amarillo, no existen límites ni humanidad de ningún tipo. 

La gente, bajo su voluntad o enajenada por el alcohol y las drogas, se entregará sin excepción a todo tipo de bailes grotescos en una orgía (sin sexo) de sudor, olor corporal y manchas de todo tipo, donde roturas de tacones y maquillajes corridos decoran rostros desencajados en rictus de expresiones felices. Sus cuerpos se entregan durante horas a aspavientos obscenos que ofenden a todos los dioses menos al suyo.

Aquí es donde la gente intentará ligar pues, según el imaginario masculino, las mujeres se sienten más proclives a iniciar relaciones en estos ambientes que recrean la meta de toda relación humana según la psique zombi-femenina. En realidad, las conquistas son fruto del alcohol, y muy rara vez se consiguen favores sexuales. Las relaciones iniciadas aquí suelen terminarse a los pocos días, en cuanto se conocen sin los disfraces, el maquillaje y los camareros con las bandejitas.

¿Qué se espera de nosotros?

-Cuando bailen los novios, me remito a las instrucciones de corte de tarta o entrega de ramos. Ellos no se cansan de esas mierdas, pero yo sí.
-Como dice ese gordo retrasado: bailarrr, bailarrr, bailarrr!!!
-Al cabo de una hora o poco más de sufrimiento, se considera que hemos cumplido y podemos irnos a casa a tiritar en la cama.
-Al largarnos, hemos de localizar y despedirnos de los novios, felicitándolos por enésima vez y recordándoles lo bien que lo hemos pasado.
-Una vez más, se valorarán elogios a la "originalidad" y distinción del evento, destacando cualquier mierda que pueda pasar por "diferente", como "eh, me ha gustado que bailarais ese tema de comosellame en vez del típico vals". No olvidar el "esta boda ha molao, no como las otras". Si no tenéis estómago, tampoco hace falta.
-Si se han casado por la iglesia y hay confianza, se puede decir eso de "hala, ya podéis follar!", que siempre es muy gracioso de decir y evidencia la hipocresía catolicorra.
-En todo momento,se recomienda forzar una disposición proactiva y enérgica en la  aplicación de los consejos dados, ya que el transcurso natural de los acontecimientos nos dejará, si no nos esforzamos, en un rincon con la sóla compañía de nuestro cubata, estáticos y estupefactos, que es algo triste de ver y más de sufrir.

Y, ya por fin, como tantos otros asuntos de iglesia, como ya retratara cierto zagal en la ilustración inferior, llega el mejor momento: el de volver a casa a desintoxicarse, con la música más underground que se tenga a mano en el coche, con cuidado de que un control de alcoholemia no nos vaya a joder el momentazo.

El dibujo responde al enunciado: "Dibuja tu parte favorita de la misa". Se explica por sí mismo.
Si se vuelve a ver a la pareja, con toda seguridad tratarán de hacernos revivir el trauma con una extensa exposición de fotografías, con vídeo incluido en el peor de los casos. Aprovechad para hacer terapia y afrontar lo vivido, que no es bueno dejar esas cosas a su aire en el subconsciente.


domingo, 23 de septiembre de 2012

Manual para sociópatas: Bodorrios (I)

Ahora que, en general, en mi entorno ha quedado atrás la fase bodas para dar paso a la siguiente fase progenie, creo que es el momento oportuno para iniciar esta nueva ¿serie? abordando este embarazoso trance que todo humano occidental ha de enfrentar varias veces en su vida. Como invitado, quiero decir, que es lo más sufrido.

Y es que todo sociópata/freak/persona más cercana a la lógica que a la sociedad se encuentra día sí día también con esperpentos sociales con normas absurdas que desconoce por puro uso del raciocinio. Siempre me he preguntado dónde estaba el libro que explicaba todas esas normas de comportamiento (y me refiero a cosas más mundanas que eso que llaman "protocolo"), esas reacciones que se esperan de nosotros en determinadas situaciones y ese montón de mierda que no conocemos y nos hace quedar como monstruos ante el resto de la sociedad. Ya se sabe, la experiencia  y la convivencia, la observación, etc... pero ¿qué pasa con aquellos que hemos preferido dedicar más tiempo a las cosas guays?

Por mi parte, comenzaré esta sección para aportar mi granito de arena con las investigaciones de campo que vaya realizando. De esto de bodas creo que ya sé un rato, así que allá va.


Para empezar, ¿qué es un bodorrio? Pues viene a ser algo así como una partida de rol en vivo en el que dos humanos emparejados de cualquier extracto social que lleva viviendo juntos bastante tiempo, montan un fiestón de mucho lujo en el que invitan a todos los jugadores a hacerse pasar por ricos y refinados. Para que este disparate sea posible, existe un acuerdo tácito para que el gasto de toda esta pantomima se sufrague entre el total de participantes. A cambio de tan estupenda partida, los jugadores en agradecimiento suelen aportar más de lo que equitativamente se les demanda para que los directores de juego, novio y novia, se costeen un viaje a la Riviera Maya, para celebrar su atrevimiento y esfuerzo. A veces varían algo el destino, pero los tiros van por ahí. Siempre. El objetivo de este viaje es volver diciendo que aquello es "otro mundo" y que " es muy chulo, pero ves mucha miseria", pero eso ya es otra historia.

Los bodorrios son procesos con fases claramente diferenciadas que, salvo minúsculas aunque siempre valientes variaciones, se cumplen siempre del mismo modo. SIEMPRE. Es importante resaltar que la "partida" comienza desde la fase uno, por lo que desde el momento en que se produzca la invitación, debemos estar preparados y dispuestos para cualquier anormalidad.

FASE 1: INVITACIÓN.

La invitación, al contrario de lo que podría resultar lógico, no surge espontáneamente ni es fruto del acuerdo de dos partes. Los directores de juego se personarán con cualquier excusa en nuestra casa (si no es de este modo, quizá podamos eludir el evento sin mayor trascendencia) para anunciarnos el acontecimiento a la primera de cambio. No obstante, podrían hacerlo también en una reunión donde coincidan varios de los asistentes elegidos para el evento, siempre y cuando se cumplan las formalidades posteriores.
Acto seguido, nos harán entrega de una cartulina impresa, llamada comúnmente tarjetón, mediante la cual se da por iniciado el juego y nuestra interpretación de personaje dentro de un mundo fantástico de gente elegante y sofisticada. En cierto rincón, discretamente, aparecerá un número de cuenta bancaria. No se trata de ningún descuido irresponsable, será la cuenta donde habremos de hacer nuestra aportación a los gastos.

¿Qué se espera de nosotros?

- Mantener una postura respetuosa hacia el tarjetón, que estará lleno de tentaciones risibles tales como motivos florales, anillos, angelotes, dibujos cursis/meapilas de parejas o animalicos. La invitación vendrá redactada en un lenguaje que tratará de evocar torpemente sentimientos varios en una prosa afectada y anacrónica. Cuidado con esto, compostura.
-Alegrarse visiblemente y dar la enhorabuena. Cada uno le puede dar a esto la explicación que le satisfaga,  pero es lo que se espera de nosotros.
-Mostrar interés por las vicisitudes de la organización del evento y fingir asombro o estupor.
-Se valorará gratamente cualquier comentario acerca de la originalidad del diseño del tarjetón, el formato, el dibujo, etc. Aunque en esencia todas son iguales, se puede destacar cualquier exiguo vestigio de creatividad para congratular a la pareja, que dentro del encorsetado proceso siempre "buscaba hacer algo diferente". También suele funcionar destacar cualidades completamente opuestas a las que en realidad tiene.
-Pasados unos días, y siempre antes del evento, se hará un ingreso a nuestro libre albedrío para financiar los costes de la partida. Aunque sería mucho más fácil y lógico saber a cuánto toca cada participante, por algún motivo se considera de muy mal gusto facilitar esa información, por lo que pondremos una cantidad no inferior a 100 €/persona. Quizá incluso menos. El límite está en el cielo y, aunque encontraréis a sujetos que dicen que el afecto se demuestra por encima de los 200, entiendo que a partir de 100 por persona, las posibles pérdidas se las ha buscado la pareja. Cuidado, estos valores varían con el tiempo.
-En caso de no estar en condiciones de hacer el pago, lo mejor es preparar una buena excusa para no asistir. Los organizadores nos dirán con la boca pequeña que no importa y que podemos ir igual pero, ¿cómo interpretar convincentemente nuestro rol de ricos si ni siquera hemos podido costear la participación?

FASE 2: DESPEDIDA DE SOLTER@

Se trata de una de las fases más dolorosas, y podremos zafarnos de ella siempre y cuando no conozcamos a nivel de colega al miembro de la pareja de nuestro mismo sexo. Se trata de una primitiva celebración ancestral en la cual el novio sale de fiesta con sus amigos, y la novia lo hace con sus amigas, la misma noche. Se interpreta que en breve el protagonista dejará la soltería y por ello esa será la última noche de que dispone para divertirse y ser joven y feliz. No obstante, esto se ha tergiversado con los años, y se suele aprovechar para hacer cosas nuevas o más de carrozas, como visitar un prostíbulo, contratar los servicios de una stripper, o consumir drogas sin medida.
Consta de una cena en algún cottolengo bullicioso con o sin muestrario de silicona, una escapada a algún sitio sórdido o zona de drogas y una fase de declive en alguna macrodiscoteca o lugar de mongoleo.
Recientemente, existe una variante racional-protestante que consiste en marchar a un entorno rural para centrarse en la experiencia psicotrópica con mayor intimidad, pero con carácter todavía muy minoritario.

¿Qué se espera de nosotros?

-Desde el momento de la cena, debemos decirlo todo a gritos desgarrados y afectar embriaguez, como si tuviéramos la tecla de mayúsculas atascada. Si no sabemos qué gritar, podemos inventar palabras o imitar fonéticas, no debemos olvidar que al fin y al cabo se trata de una especie de juego.  Se valorarán derrames de bebidas alcohólicas y bailecitos grotescos.
-Si somos hombres, diremos burradas a las chicas que veamos invariablemente. Si somos mujeres, afectaremos promiscuidad adornando nuestras cabezas con motivos fálicos. En ambos casos debemos caminar de modo errático y cantar cualquier cosa que se nos ocurra. Es una noche de creatividad y magia.
-En caso de visita a prostíbulo, no es necesario entrar en el mismo. La mayoría de las veces se trata de un acto simbólico para excitar la imaginación de la muchachada.
En caso de visita a local de chulazos, hay que simular un estado de celo felino, siempre sin excederse, ya que hay gente que se dedica a grabar felaciones de espontáneas ebrias. O eso dicen.
-Es importante aguantar la monserga hasta el final. Eso puede ser la mañana del día siguiente con mucha probabilidad. Paciencia, temple.
- Se valorarán positivamente las muestras exageradas de afecto, los abrazos y besos de despedida, como si el protagonista fuera un enfermo terminal o tuviera que irse a vivir a otro continente. No en vano es posible que, terminado el bodorrio, jamás se le vuelva a ver vivo/a.

FASE 3: CELEBRACIÓN

La celebración puede producirse en dos ambientes diferentes: parroquia de barrio o exterior de salón de bodas, muchos no llegaréis a ver otra cosa jamás. La primera opción es la más jodida porque las parroquias de barrio suelen asentarse en las zonas con menos aparcamiento de la provincia. Además, al finalizar, tocará coger de nuevo el coche hasta el inevitable salón de bodas / complejo de loquesea.
Paradójicamente, aunque esta fase constituye el acto de casamiento en sí mismo, suele ser la menos importante, por lo que no es necesario prestar demasiada atención. Muchos asistentes optan por acudir directamente a la siguiente fase y es perfectamente aceptable.

¿Qué se espera de nosotros?

-En el caso de la parroquia, poca cosa. Ni siquiera es necesario entrar y, de hecho, siempre suele formarse un grupo de resistencia rebelde que, aunque trajeados, optan por tomarse algo en el bar más próximo. Yo no recomiendo esto último, ya que el discurso que concede el cura para estas ocasiones suele tener un nivel humorístico difícilmente igualable en el bar. Imaginad un tipo que se siente culpable cada vez que se masturba dando consejos de convivencia y demás a una pareja de novios. Es, en efecto, desternillante.
-MUY IMPORTANTE: vestuario. Chicos, mínimo traje completo, camisa y corbata. Aconsejable gafas de sol y afeitado. Se valoran cosas más caras (chalequitos, frac, esmoquin...), el cielo es el límite. Podréis usar el mismo traje en tantas bodas como queráis. Es importante toquitearse mucho los botones de la americana, y abrocharla y desabrocharla constantemente para ganar presencia. Aunque se celebre en agosto, jamás nos quitamos la americana. Es preferible que se nos transparenten los pezones a través de la camisa empapada. Bueno, eso es lo que dice el protocolo, personalmente soy más partidario de la higiene.
Chicas, peluquería bruta, todo el maquillaje que tengáis en casa y vestido estrafalario rollo celebrity en alfombra roja, importante no poder guardar nada en ningún sitio. Si lleváis bolso, será de mano, del tamaño de vuestra mano, y no contendrá mas que un billete arrugado por si os perdéis. No es día de móviles. Al finalizar el evento, cogeréis el vestido y lo dejaréis en el contenedor de basura más próximo, rociándolo con bencina para pegarle fuego sin dejar rastros. Si os vuelven a ver con él puesto, no recuperaréis vuestra dignidad humana hasta cambiar de amigas. No sé el motivo, es así.
-Al principio se generará mucha expectación con la entrada de la novia, como si fuera algo asombroso o una atracción en sí misma. Es conveniente afectar algo de este interés, no por ella, que no se entera de nada, sino por los asistentes no sociópatas que pueden molestarse o chivarse. En cuanto aparezca, se reconocerá al instante la innegable belleza de la moza, sea quien sea y haya hecho con su cara lo que haya hecho. Este es su día.
-Al finalizar, hay que pugnar entre todos los asistentes por felicitar a los novios (sí, otra vez). A veces hay una traca que se tira sólo para marcar este momento y no escaquearse. Se le da la mano a él y dos besos a ella. "Felicidades", - Se les dice, o - "Enhorabuena"-, y mierdas así. Es un momento agónico, sobre todo si no le ves el sentido o no te apetece en ese momento, porque todo el mundo intentará hacerlo al mismo tiempo mostrando mucha ansiedad. En tal caso, se puede optar por pasar del asunto, asumiendo el riesgo de que los novios adviertan tu ausencia, que es bajo.

Continuaremos en un próximo post, porque me está quedando demasiado largo y estas cosas del tirón luego se memorizan peor. Nos vemos en breve, socialers!

sábado, 11 de agosto de 2012

La "new wave" de los juegos: Dear Esther

Hoy vengo a hablar de un videojuego atípico, de gente que arriesga y experimenta con esta plataforma de ocio ahondando en ella como formato narrativo y trata de provocar experiencias inalcanzables desde otros medios.
Bueno, quizá exagere un poco, tampoco estamos ante los Alan Moore de los videojuegos, pero sin duda marca una tendencia muy prometedora en este todavía joven mundillo del ocio electrónico.



The Chinese Room es un estudio de desarrollo inglés nacido alrededor de 2009 (realmente no sé si pensaban convertirse en algo serio, sea por ello que ni en su página web dicen claramente cuándo comienza su andadura) y, como tantas buenas historias, comienza con unos cuantos proyectos universitarios hechos por curiosidad y diversión, unos mods. Estos mods vienen a ser algo así como modificaciones sobre motores gráficos de juegos ya creados con objeto de crear un juego distinto sin tener que programarlo todo desde cero, lo cual requeriría muchísimo tiempo o un importante número de personas implicadas en el proyecto. Así, con el motor de gráficos, desplazamientos, luces, interacción, etc, de un juego  parido pasta mediante por una gran empresa como es el Half Life 2, estos programadores hacen otra cosa completamente distinta.

Sin la presión comercial que implica una gran inversión, estos tipos se ponen a desarrollar un bicho raro que no requiere de ninguna habilidad especial por parte del jugador, ni busca encallecer pulgares a golpe de pad, ni poner a prueba la predisposición a la epilepsia.
 Dear Esther fue en sus inicios (2009) algo cutrecillo, pero lo suficientemente novedoso como para atraer la atención de unos cuantos hipsters del videojuego, lo que le valió el título de juego de culto, 100.000 descargas y alguna crítica favorable que facilitaría las negociaciones con Valve (empresa propietaria del motor gráfico empleado y dueña de Steam, la mayor tienda de distribución digital de videojuegos) para la puesta a la venta de una revisión del juego original mejorado que se haría con 50.000 descargas durante la primera semana; y aquí viene cuando yo lo compro :).

Y, ¿qué tiene de particular este juego? Bueno, supongo que, en primer lugar, el apartado gráfico, que es lo primero que entra por los ojos cuando uno empieza a jugar. La cosa se desarrolla en unos paisajazos de esos que entretienen con sólo explorarlos, mejorando y sacando un rendimiento al motor gráfico como no se había visto en Half Life 2. Son vistas muy sugerentes de acantilados escoceses (Islas Hébridas, según el narrador) melancólicos y solitarios; no esperéis encontraros con mucha gente en el juego y todo irá bien.

Lo segundo que nos llama la atención es el manejo, la jugabilidad, reducida a su más mínima expresión. Todo se reduce a desplazarse en vista subjetiva por los escenarios, mirar hacia donde deseemos y, si lo vemos necesario, tendremos acceso a un pequeño zoom con un click de ratón. No hay disparos, ni acciones, ni saltos. Ni siquiera se puede correr. Es un juego corto, pero es que, además, está planteado para tomárselo con calma, recrearse con las vistas. El nivel de detalle de los escenarios es suficiente como para hacer de ello todo un entretenimiento. La narración se desarrolla en gran parte a través de lo que vemos en nuestro "paseo", en lo que viene a ser algo así como un simulador de senderismo.
Para poner la guinda a la ambientación, una impecable banda sonora dejará bien claro el tono del juego y nos pondrá difícil volver a la realidad, aderezada con unos efectos de sonido cojonudos.

La otra parte de la narración viene dada por los comentarios que el mismo protagonista realiza conforme vamos avanzando, determinados por el rumbo que tomamos, o lo que vamos viendo. Son como fragmentos epistolares, la mayoría de las veces con un tono muy poético, por lo que recomiendo encarecidamente, al margen del nivel de inglés que cada uno posea, el parche de traducción al castellano que se ha publicado. Aún así, no nos quedará del todo claro qué es exactamente lo que atormenta al personaje, por lo que los detalles los puede imaginar cada cual, pero sí que muestra pistas de un hecho concreto hacia donde se trata de conducir la imaginación del jugador.

El juego, más que con un guión detallado, juega con las sensaciones y las sugerencias, y aún así, la experiencia narrativa es innegable. La cojonuda coordinación entre música, efectos de audio, paisajes y piezas del puzzle que encontramos en forma de objetos e imágenes encontradas que no deberían estar allí tejen una historia que, si bien es subjetiva y diferente para cada jugador (por poco detallada), nos llega de un modo más intenso que cualquier cosa que hayamos probado antes; la maldita soledad que nos acompaña durante el juego tiene un efecto introspectivo que hace que algunos de los logros del juego surjan del propio jugador, lo que no deja de tener su mérito.
Todo ello queda adornado con un final a la altura que deja muy buen sabor de boca y el culo algo torcido.
Como puntos negativos, quizá la falta de interactividad, acciones y capacidad de decisión por parte del jugador y la duración (así como hora y media o dos horas de juego, repartidas en tres capítulos), aunque hay que reconocer que si durase mucho más podría convertirse en todo un coñazo.

Lo dicho, un uso inteligente y atrevido del videojuego como medio narrativo que vale la pena probar por sus modestos 6,99 €. El gafapastismo llega al mundo del videojuego y, qué queréis que os diga, cosas como ésta dan prestigio a este denostado arte del juego digital, que con tanto ataque de periodavernícolas y timoratos del progreso, falta le hace. Y para muestra, nada mejor que su tráiler oficial:


domingo, 29 de julio de 2012

Los cátaros y la puta mentalidad dominante

Ayer vi un documental sobre Los Archivos Secretos de la Inquisición, pensando que la cosa iba de quema de brujas en España, Malleus Maleficarum (al que tengo que dedicar un agrio post algún día) y otros asuntos así como de serie B, pero en cambio me topé con un documental más interesante (en cuanto que era un tema que mediáticamente se ha tratado menos) o al menos no tan trillado por mi parte. El documental se centra en los inicios de la Inquisición (S.XII), y sus primeros perseguidos, que no eran las románticas brujas, ni tampoco los vampiros o los tipos con barba de chivo. Como era de esperar, lo de la herejía y la purificación de las almas descarriadas no era una prioridad a la hora de redactar la despreciable bula Ad Abolendam. Lo que mueve a la concepción de esta abominación diabólica que todos conocemos por pegar fuego a gente atada a un poste, es ni más ni menos que el miedo a una amenaza ideológica que podía arrebatarles el poder. El típico miedo a sentar el culo en una silla más dura, tan honorable ayer como hoy.



Este miedo venía representado por los cátaros, una vertiente maja del cristianismo que parece que cogía fuerza por la zona del sur de Francia. En resumidas cuentas, los cátaros eran una versión guay, menos intrusiva, más optimista, del cristianismo imperante. Por ejemplo, para un cátaro, no había infierno, o no se consideraba la posibilidad de quedarse allí por mucho tiempo. Cuando uno moría pecaminoso y sin extrema unción o conselamentum, su alma se reencarnaba en otro cuerpo, teniendo así una segunda oportunidad para hacer bien las cosas y ganarse una plaza fija al lado del boss. Rechazaban casi toda la Biblia de plano, porque la consideraban como lo que es, una truculenta recopilación de relatos de horror cósmico sobre un Dios con personalidad inestable y mucha sangre por todas partes. Tan sólo admitían el Evangelio según San Juan, que debían llevar siempre consigo y conocer prácticamente de memoria.

Su religión, a grandes rasgos, tenía rasgos del maniqueísmo y el gnosticismo (podéis consultar el post del Dr. Zayus al respecto), en la medida en que dividían la existencia entre lo espiritual y lo puro (el bien) y lo material o creado (el mal), considerando como única vía de salvación la gnosis o conocimiento introspectivo de lo divino. Es decir, no se trataba tanto de seguir unas reglas concretas como de alcanzar cierto grado de conocimiento acerca de la realidad que se oculta tras "la matriz" (paralelizando con la peli de los Wachowski). En esto eran un pelo radicales, ya que rechazaban lo material de un modo extremo, llegando a no consumir nada que proveniera de la generación (huevos, carne, leche y otras cosas que surgen a raíz de un polvete), acercándolos a lo que hoy día podría ser alguna rama estricta del vegetarianismo. En referencia al sexo, la cosa estaba muy diversificada. Los miembros más estrictos (llamados Perfectos) y sus acólitos practicaban el celibato, pero a los seguidores y demás simpatizantes de base se les dejaba más manga ancha en este sentido. No concebían el matrimonio como forma de concepción porque aquello era una especie de aberración (algo así como capturar un alma pura del más allá y aprisionarla en sucia materia embrionaria). La mujer cátara, dada la época en que nos situamos, estaba más que bien reconocida, teniendo acceso (siempre que proveniera de la nobleza) al rango de Perfecta. Además, varias fuentes afirman que, por su condición de objeto de deseo, se les permitía todo tipo de escarceos amorosos e incluso no era raro que una mujer cátara se insinuara a un hombre. No obstante, tras cualquier tipo de guarrería, debían arrepentirse y demás. Las Perfectas podían dar el conselamentum, a través del cual uno iba al cielo sí o sí. Todo ello era compatible con la eutanasia, que se practicaba a través de la inanición voluntaria en el lecho de muerte. La muerte era aceptada y bienvenida por un buen creyente, con naturalidad y sin ningún tipo de miedo o duda.

En general, lo que primaba en esta gente era la dedicación completa al prójimo (eran apodados "Los Buenos Hombres"), la sencillez, la introspección y la oración, el respeto total a la naturaleza (si encontraban un animal atrapado en una trampa, debían liberarlo y compensar al cazador por la pérdida dejando una moneda) y el respeto absoluto al resto de pensamientos y creencias. Debían centrarse en el aprendizaje de un arte u oficio manual y perseverar en su perfeccionamiento y, en general, renunciar a las posesiones y la tontería. Y lo más indignante para otras religiones, eran de un pacifista asqueante.
Pese a las tontuneces propias de toda religión, presentaban rasgos mucho más agradables que los cristianos, lo que les facilitaba la integración y buena aceptación en pueblos e instituciones en general, cosa que a la diabólica Iglesia Cristiana no gustaba un pelo.

Para una institución de mentalidad dominante, esto es, de tocar los cojones al prójimo, de no dejar hacer lo que venga en gana , de imponerse sobre las voluntades, de mandar, influir, acojonar y manipular, esto era un dolor de muelas. Los cátaros se hacían de querer más porque presionaban menos y daban más buen rollo. La Iglesia Cristiana es más de desconfiar de la buena predisposición del prójimo, que no cree posible convencer si no es a través de la amenaza y el miedo a un vago escenario tan horrible como la imaginación de cada cual sea capaz de concebir.

Este tipo de mentalidad odiosa se hace presente en todas las situaciones de la vida, muy especialmente en el trabajo. Mientras modernos estudios que datan de hace más de tres décadas demuestran que un empleado motivado por una recompensa (material o no) o incluso la mera satisfacción personal rinde a un nivel muy superior a cualquier otro, la mayoría de empresas españolas, por poner un ejemplo conocido, sigue anclada en el pasado, muchas veces por falta de formación en materia de RRHH, otras veces por simple gilipollez bien protegida por una capa de soberbia. Es cierto que un empleado desmotivado e indolente reacciona rápido ante las amenazas, pero más cierto es que si se encuentra el origen de su insatisfacción y se le ofrece lo que busca, el rendimiento va a ser mucho mayor, los pitidos de oídos desaparecen y, en general, se evitan conspiraciones subversivas y extrañas zancadillas, redundando en el beneficio de todos.
Ya fuera del entorno laboral, encontramos que las empresas de mayor éxito no siempre son aquellas que realizan mayor presión comercial sobre los consumidores, sino las que ofrecen el producto más atractivo, ya sea por elementos subjetivos (caso Apple) como objetivos (precios bajos, etc.).

Desgraciadamente, como sabemos por los cátaros y otros muchos ejemplos, las mentalidades dominantes, por su propia naturaleza que ambiciona el dominio sobre los demás, son las que llegan con mayor facilidad al poder, porque no siguen más regla que la que les permite alcanzar este feo objetivo. Los cátaros fueron clandestinizados, despatriados y, finalmente, aniquilados. Algunos de ellos fueron condenados a la hoguera, que siempre ha sido una forma muy clemente de ajusticiar. Sin embargo, las personalidades no intrusivas son generalmente mucho más numerosas que las anteriores (de lo contrario, iríamos a tiro limpio por la calle). Aquello no pudo evitarse porque la gente tolerante no estaba comunicada entre sí, por tanto no eran conscientes de su número y no tenían la fuerza de la coordinación. ¿Servirá, pues, nuestra red aún grande y libre para erradicar esta lacra que nos viene tocando los huevos desde el principio de los tiempos? En ello estamos.